domingo, 3 de agosto de 2008

Lecturas: El Vals del Gulag

Edición original: Le Tour de Valse FRA.
Fecha de edición: junio de 2005.
Guión: Denis Lapière.
Dibujo: Rubén Pellejero.
Tinta: Rubén Pellejero.
Color: Rubén Pellejero.
Formato: Cartoné 72 págs.
Editorial: Glenat.







Desde hace muchísimo tiempo tenía pendiente la lectura de este comic , demasiado tiempo. Y más teniendo como referencia la anterior obra de estos autores “Un Poco de Humo Azul”, la cual supuso en su momento una de las mejores lecturas de los últimos años, sensación a su vez que ha perdurado en el tiempo, recordándola con un Pellejero excepcional tanto en el dibujo, de trazo grueso y limpio, donde las sombras juegan un papel fundamental, como en la narración gráfica, llenas de viñetas mudas, de miradas entre los personajes, pensamientos… que sirven para dar a la lectura el tempo ideal y todo esto acompañado del esplendido guión de la mano de Lapiere.

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Todo esto, se repite en este fantástico comic.

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Como en aquella obra, Lapiere, utiliza un escenario histórico, en este caso la Rusia absolutista de finales de los 40, principios de los 50, donde Stalin se agarraba al poder encarcelando y asesinando a los pocos que tenían el valor de manifestar opiniones contrarias a las del régimen.

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Como en aquella obra, nos hablan de las relaciones humanas en momentos extremos, siendo las relaciones sentimentales las verdaderas protagonistas de ambas historias.
No nos hablan de un amor vacuo, ni banal, muy al contrario nos hablan de un amor con mayúsculas. Un amor que perdona, que se pone en el lugar de la persona amada, que conoce y entiende su sufrimiento y no cuestiona.

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Kalia siempre ha sido una mujer decidida, con mucha personalidad. A los 16 años se negó a un matrimonio concertado por sus padres con un hombre, amigo de su padre, de bastante más edad que ella para, al final, contraer matrimonio con Victor, joven del que estaba enamorada.

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Los recién casados empezaron una vida en común alejados de la familia, Pronto Kalia quedó embarazada, embarazo del que nacería Serioja, un precioso pequeño para regocijo de los dos felices padres y dos años más tarde daría a luz una hermosa niña a la que llamaron Yulia.
Durante un tiempo fueron felices. Victor trabajaba en la obra y Kalia se ocupaba de la casa y del cuidado de los dos pequeños, pero la felicidad no duró mucho.
Llamaron a filas a Victor. Debía luchar por su patria contra la Alemania de Hitler.

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Después de no saber nada de el durante cuatro años, las cartas de desaparecidos durante la contienda llegaban a las familias rusas por centenares. Lo que la historia ha conocido como la segunda guerra mundial había llegado a su fin. La bandera Rusa ondeaba en Berlín y aún así seguía sin conocerse la suerte de algunos soldados.
Un día, Victor regresó a casa.

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Pero no fue por mucho tiempo. Un día en la obra tuvo una discusión con un compañero que argumentaba que se debía morir por la patria y que los que habían vuelto de la guerra vivos no debían vanagloriarse por ello.
Ante las críticas de Victor a la contienda y la forma de llevarla a cabo por algunos de sus superiores, alguien le delató. Esa misma noche fue arrestado, acusado de contrarevolucionario. Los policías que lo detuvieron se encargaron de falsear pruebas, a modo que pudieran encarcelarlo por algo tan absurdo como “admiración de tecnología extranjera” y con las mismas, mandarlo a un campo de trabajo en la fría Siberia.

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Diez años después muere Stalin, con motivo de ello empiezan a llegar personas cercanas a Kalia que han sido liberadas del campo de trabajo, pero Victor no llega.
Kalia, sin querer pasar otra vez por la incertidumbre y el tormento de una espera, decide ir a buscarle a Siberia.
Allí conocerá a otros exiliados que una vez libres, por una razón u otra, se han negado a volver a sus casas. Conocerá, de la voz de estos, el funcionamiento de los campos de trabajo y le hablan, entre otras cosas, de un barracón donde los presos y presas más trabajadores recibían como premio poder practicar sexo entre ellos y de esta manera, engañar al subconsciente y sentirse nuevamente humanos por unas horas.

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Un saludo.