
¿Qué es la exactamente la inteligencia?
¿Son inteligentes los animales?
Si atendemos al dicho aquel que dicta que el ser más inteligente es aquel que mejor se adapta al medio, no hay duda de que si lo son.
Permitirme que os cuente una anécdota.
Mi abuela Antonia, la Gorda (como la llamábamos cariñosamente sus muchos nietos), era una mujer estupenda. Muy poco agraciada físicamente tenía, sin embargo, algo que la hacía sumamente hermosa: su sonrisa, contagiosa, capaz de alegrar cualquier estancia en la que ella estuviese.
La posguerra fue muy dura para ella, como para todos los que la vivieron. Máxime si pertenecías al bando perdedor, más aún si cabe cuando tu marido fue herido de vida en una de las muchas palizas que se llevó en los campos de concentración (que aquí, como sabréis, también hubo) y fue condenado a pasar por la letrina cada poco tiempo durante el resto de su corta vida, hasta que su colón, roto, dijo basta.
Me gustaba besar los flácidos y suaves carrillos de mi abuela, despeinarla de vez en cuando y escuchar sus falsas rabietas mientras decía “Míralo! ya me espelucó” y cogía su peine, siempre en su bolsillo, y peinaba nuevamente sus canas…
Aunque sin duda, lo que más me gustaba era escuchar sus historias…
Contaba como, cuando le daba el pecho a una de mis tías por la noche, se quedaba dormida por el cansancio de una dura jornada de trabajo, del cuidado de sus hijos y su marido y por culpa del hambre que había dejado la guerra de Caines y Abeles en aquellas tierras, en las que tenías que pelear con las ratas por una monda de naranja.
Mientras ella dormitaba mi tía mamaba a su gusto de uno de sus pechos.
Un día se dieron cuenta que la niña tenía una mancha morada que rodeaba su boca, esto, y que la niña parecía perder peso asustó a mis abuelos que rápidamente llamaron al médico del pueblo.
Su diagnóstico fue rápido. Nada más ver los síntomas de la pequeña el médico determinó: - “Eduardo, Antonia. Tienen ustedes una serpiente en casa” -dijo- “seguramente esté en su cama”
Separaron las mantas y sábanas que cubrían la cama y , en efecto, allí estaba la serpiente, enrollada en una de las patas haciendo la digestión y esperando que llegara nuevamente la noche. Lógicamente , aquella serpiente no volvería a ver la luna.
El médico contó a mis abuelos como la serpiente separaba la boquita de la niña del pezón de mi abuela y sustituía este por su cola para que la pequeña no llorase y mientras, ella, vaciaba de leche el pecho de mi abuela.
¿Es esto adaptarse al medio? ¿Era inteligente, por tanto, esta serpiente? ¿Es más bien algo intuitivo?
En la secuencia (reducida y resumida para la ocasión) del siempre recurrente Lacernet y sus Combates Cotidianos (en este caso el número 3), la lechuza salvaje se adapta al medio aceptando la comida de manos de un humano.
Un saludo.
Permitirme agradecer a mi abuela sus muchos cuidados y cariños con los que atendió a todos sus nietos. Su gran corazón un día se partió por la mitad y, desde ese día, murió parte de nuestra sonrisa.
Te hecho de menos abuela. Anhelo tu sonrisa y envidio la facilidad con la que hacías felices a los que estaban cerca de ti.
Te recuerdo siempre, Gorda.