Hoy me enterado de la muerte de un buen amigo.
Rotebor nos ha dejado y a su vez, dejado un hueco en la blogsfera que será imposible de llenar.
Sirva esta entrada como un sentido homenaje a un gran divulgador, un buen amigo y, sobretodo, una maravillosa persona.
Un abrazo transatlántico, amigo Rotebor.... allá donde te encuentres.
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sábado, 2 de abril de 2011
miércoles, 26 de mayo de 2010
Epílogo: La Nueva Visita de Toni.
Ya dije en su momento que esta casa estaba siempre abierta a los amigos que quisieran entrar. Pues bien, esta vez ha sido el amigo Toni quien me ha pedido las llaves para dar una fiestecita en honor al comic y a Blueberry en particular, al cine y al Western en particular. Evidentemente estáis todos invitados. Pasar y tomaros algo.
Lo digo públicamente: en este artículo mi osadía supera todos los limites, pero al ser la serie tan longeva y extensa y ante la imposibilidad de volver a releerlos por los motivos de siempre, voy a atreverme a hacer una reseña a vuelo de pájaro y ciertamente novedosa. Como todo acto osado va acompañado de cierta valentía e inconsciencia, espero que sepan perdonármelo y aprecien el gesto y si les vale para decidiros de una vez con ella, y no se arrepentirán ( y ¡ojo! que esto lo digo con una certeza fuera de lo común), esta laudatoria habrá valido la pena y sé que Jean Giraud, esté donde esté, me guiñara el ojo y Jean Michel Charlier se removerá en la tumba de cierto orgullo post mortem.
Como en toda obra matriz y referencial, los aspectos en los que se puede incidir son múltiples. Yo voy a hablaros de El Teniente Blueberry centrándome más en su relación con el cine, pero estén tranquilos pues no hablare de ese engendro de película basurilla llamada del mismo nombre que el comic sino su relación con el cine del oeste, con el western, empezando con que los rasgos de Mike S. Blueberry nos recuerdan poderosamente al actor francés Jean Paúl Belmondo.
Dejando adrede de lado todas las vicisitudes que fueron conformando a lo largo de los años esta obra maestra, solo apostillar dos datos con fecha inclusive: se inicio allá por 1963 cuando Charlier buscaba un dibujante para una serie del oeste y la otra fecha es 1989, cuando Charlier falleció quedándose Giraud como autor completo de la saga.
Antes de entrar en materia propiamente dicho, y empezar a desgranar los ciclos, es de ley mencionar los estados de gracia y la calidad que derrocharon sus dos autores en esta obra, ya que no solo vemos crecer a uno de los grandes artistas visuales y narrativos del siglo XX sino que se nos descubre a un guionista de la vieja escuela pero con una fuerza arrebatadora y una modernidad en las tramas y argumentos, aparte de unas caracterizaciones de personajes hondas y geniales, que le hizo ser un adelantado a su tiempo. Su ya lejana muerte sumada a las pocas publicaciones que hay en nuestro país, hace de él un desconocido pero Charlier es un grande. Yo personalmente veo su influencia en el comic y en el cine posterior y en las series de hoy en día que aunan intriga, misterio y aventura. Cuando lean al Teniente sabrán a que me refiero.
Sobre todo, y es el gran menester de esta reseña, quiero que vean como El teniente Blueberry nació y creció al calor del cine americano, del Western sobre todo, y fue adoptando y pasando por las etapas y corrientes que este tuvo.
La saga empieza con Fort navajo, dando comienzo al ciclo de Cochise y los indios apaches (1965-1969), que consta de cinco cómics, donde vemos representado toda la zona de USA y México con el río Grande de por medio con una veracidad y un conocimiento asombroso. En este primerizo ciclo, donde el joven Giraud muestra un clasicismo tradicional y en cierta manera arcaica para lo que vendrá después, aunque ya se le nota muy buenas maneras para la narración, vemos homenajear desde el Mayor Dundee de Pechimpah, Flecha rota de Delmer Daves, el Apache de Aldrich o Los que no perdonan de John Houston.

Flecha Rota. Delmer Daves (1950)
Después vino el único tomo autoconclusivo de la serie, El hombre de la estrella de plata (1969), tomo donde empieza y acaba de manera perfecta la historia que es todo un homenaje al cine del Oeste. Aquí vemos reminiscencias de Solo ante el peligro de Fred Zinnemann, El hombre que mato a Liberty Valance del maestro Ford y sobre todo, Río Bravo de Howard Hanks con un Blueberry en el papel de John Wayne.

Rio Bravo. Howard Hanks (1959)
Siguiendo el orden cronológico llegaría el ciclo de los Sioux (1970-1971) con El caballo de hierro y tres títulos más. En este caso, y partiendo de hechos históricos como la construcción del ferrocarril por dos compañías en una competición feroz, una por el este, otra por el oeste y de la masacre de indios sioux y su posterior respuesta en Little Big Horn, además de trasladarnos hacia el norte, hacia las grandes llanuras y las montañas rocosas, asistimos de manera sublime y personal a la visión de lo allí acaecido por los autores. Aquí ya comprobamos las concomitancias con el cine en la portada de el 2º titulo del ciclo: El hombre de el puño de hierro copiado directamente de la película The desperados de Henry Levin, con un Jetho Steelfingers parecido al villano de dicho filme, el gran Jack Palance.

Las películas que inspiran este ciclo van desde, Murieron con las botas puestas de Raoul Walsh, Union Pacific de Cecil B. DeMille (las viñetas panorámicas con muchas personas es un homenaje de Giraud a dicho director) o Soldado azul de Ralph Nelson, rodada en esa época, y donde ya se ve una denuncia a la matanza indiscriminada de indios.

Murieron con las Botas Puestas. Raoul Walsh (1941)
Hacer un inciso a esta altura para decir que en todos los ciclos de esta saga, hay situaciones y personajes que fueron verídicos, producto de la documentación que hicieron los autores, y que supieron muy sabiamente mezclar con cosas de su invención, dándole ya desde bien pronto a la saga un toque histórico, un status que ninguna otra serie del Oeste ha llegado a tener.
Hasta aquí se puede decir que llega el Blueberry clásico, el Blueberry como tebeo de genero puro, en este caso de genero del Oeste, siguiendo a su vez ese paralelismo con el cine del Oeste, en este caso con la época dorada del Western, años 40, 50 y primera mitad de los 60. Los ciclos que vienen después vienen ya con unas tramas, unos argumentos, unas caracterizaciones y personajes, unos diálogos y situaciones, en resumidas cuentas, una modernidad y una calidad, que aun siendo tebeos del Oeste, trascienden dicho genero aglutinando intriga, misterio, aventura, genero negro, denuncia social, genero histórico, genero carcelario, etc…
El siguiente ciclo, La mina del alemán perdido (1972-1973), compuesto de dos títulos, el mencionado y El fantasma de las balas de oro (inspirados los dos levemente en la leyenda del Lost Duchtman), es toda una lección de cómo en solo dos tomos sacar una inolvidable galería de secundarios digna del mejor cine americano y de una trama alrededor de una mina de oro realmente inolvidable. En cuanto a las películas referentes a este ciclo podemos mentar El tesoro de Sierra madre de John Houston y El oro de Mackenna de J. Lee Thompson, sobre una legendaria veta de oro emplazada en el territorio sagrado de los Apaches rodada un par de años antes, pero lo que ya se empezaba a adivinar eran las influencias del western europeo con Sergio Leone a la cabeza que en el lustro que va de 1965 a 1970 rodó sus películas fetiches.

El oro de Mackenna. J. Lee Thompson (1969)
Y con estas apareció Chihuahua Pearl, primer tomo del ciclo de El oro confederado (1973-1975), compuesto de cinco tomos. Para mí el ciclo estrella de la saga y uno de las cumbres del 9º Arte. No voy a hablar mucho de la genialidades de este ciclo, para eso están las críticas y estudios sobre Blueberry; mencionar que aquí la galería de personajes es sencillamente brutal encabezando el reparto uno de los personajes más memorables, Chihuahua Pearl (la zorrita de la Pearl como diría Jimmy McClure), prostituta, espía, atractiva aventurera, mercenaria, la antitesis de Bluberry. A este ciclo se le puede adjudicar influencias cinematográficas tan genéricas y dispares que sería difícil especificarlas, creándose una mixtura de géneros realmente fabulosa. Solo mentar que tenemos articulada un trama realmente trepidante y endiablada, con complots para matar al Presidente de USA, cárceles denigrantes con fugas de por medio, misiones suicidas, juego doble de espías, tiroteos, explosiones y violencia en la línea del mejor Pechimpah, asesinos a sueldo con cara de Ángeles, la mejor ambientación del mejor México prerrevolucionario que se ha hecho en la Historieta, locura y muerte desatada por el oro, traiciones y traiciones y mas traiciones en un juego infernal que deja, literalmente al lector, sin aliento y en estado de shock. Aparte de esta impresionante labor de Charlier, Giraud esta en este ciclo en su más excelso momento; con eso os digo todo, no necesito entrar en detalles.

Por Un Puñado de Dólares. Sergio Leone (1964)
Y ya llegando a su cenit, se publico Nariz rota, primer álbum del ciclo de Vitorio y los navajos (1980-1983), compuesto por cuatro títulos mas dos tomos broche donde los autores van cerrando las cuestiones planteadas en ciclos anteriores. En este ciclo los autores muestran la desmitificación y la decadencia del viejo Oeste y la llegada de los nuevos tiempos que hace agonizar toda una época, agonía que recorría también el cine del Oeste en aquellos años. Blueberry ya no es tal sino es Tsi Nah Pah. y se avergüenza del hombre blanco y de la supuesta modernidad que esta acabando con toda una forma de vida y una época histórica. Los western que pueden influir partiendo de los más antiguos como El incidente Ox-Bow de William A. Hellman, alegato furibundo contra el linchamiento y la injusticia, el ultimo western de John Ford, El Gran Combate, todo un acto de justicia hacia la nación india, o Pequeño Gran Hombre, atípico western de Arthur Penn, otro alegato crepuscular del viejo Oeste, aunque también se adivina influencias desde Sam Pechimpah, Michael Cimino o Clint Eastwood.

El Gran Combate. John Ford (1964)
Y pensando en terminar este fabuloso recorrido, llego el óbito de Jean Marie Charlier, cosa que hizo pensar a mucha gente que o El teniente Blueberry se había acabado o Giraud se podía convertir en Moebius y despersonalizar la saga haciendo experimentos raros. Al final, Giraud contradiciendo a mucha gente, demostró que tantos años con grandes guionistas le habían traído un bagaje realmente interesante y termino la saga con El ciclo de Geronimo y el O.K. Corral (1995-2007), compuesto por cinco tomos, donde nos regala su versión del famoso duelo de Wyatt Earp y Doc Holiday, con Blueberry de por medio como genial observador. Decir que Giraud nos acerca la cámara de manera genial a unos personajes, y los disecciona con el bisturí todo en aras de profundizar psicológicamente en un momento cumbre de esa época y una de las grandes leyendas del Oeste, con un dibujo mas Moebius que nunca pero con ese toque clásico Blueberryeresco. De las influencias de películas clásicas referentes al famoso duelo podemos mencionar Pasión de los fuertes de John Ford o El póker de la muerte de Henry Hathaway, aunque lo que de verdad se nota son influencias genéricas y variadas como pueden ser el personaje de John Wayne en Centauros del desierto o Sin perdón de Eastwood o El golpe y Dos hombres y un destino de George Roy Hill.

Dos Hombres y un Destino. George Roy Hill (1969)
Y despedirme, con un alegato doble: el primero a favor de este tipo de cine, que aunque hay muchas películas que han envejecido mucho y mal, hay bastantes otras que se mantienen con un vigor y una calidad que estoy seguro que más de uno se sorprendería y el segundo es, como no, a favor de esta obra maestra de arte de la viñeta, donde se conjugaron dos de grandes de esta disciplina artística para mostrarnos como se vive la aventura en letras mayúsculas siempre manteniendo la integridad moral y la dignidad como argumento principal y maestría por bandera.
Lo digo públicamente: en este artículo mi osadía supera todos los limites, pero al ser la serie tan longeva y extensa y ante la imposibilidad de volver a releerlos por los motivos de siempre, voy a atreverme a hacer una reseña a vuelo de pájaro y ciertamente novedosa. Como todo acto osado va acompañado de cierta valentía e inconsciencia, espero que sepan perdonármelo y aprecien el gesto y si les vale para decidiros de una vez con ella, y no se arrepentirán ( y ¡ojo! que esto lo digo con una certeza fuera de lo común), esta laudatoria habrá valido la pena y sé que Jean Giraud, esté donde esté, me guiñara el ojo y Jean Michel Charlier se removerá en la tumba de cierto orgullo post mortem.
Como en toda obra matriz y referencial, los aspectos en los que se puede incidir son múltiples. Yo voy a hablaros de El Teniente Blueberry centrándome más en su relación con el cine, pero estén tranquilos pues no hablare de ese engendro de película basurilla llamada del mismo nombre que el comic sino su relación con el cine del oeste, con el western, empezando con que los rasgos de Mike S. Blueberry nos recuerdan poderosamente al actor francés Jean Paúl Belmondo.
Dejando adrede de lado todas las vicisitudes que fueron conformando a lo largo de los años esta obra maestra, solo apostillar dos datos con fecha inclusive: se inicio allá por 1963 cuando Charlier buscaba un dibujante para una serie del oeste y la otra fecha es 1989, cuando Charlier falleció quedándose Giraud como autor completo de la saga.
Antes de entrar en materia propiamente dicho, y empezar a desgranar los ciclos, es de ley mencionar los estados de gracia y la calidad que derrocharon sus dos autores en esta obra, ya que no solo vemos crecer a uno de los grandes artistas visuales y narrativos del siglo XX sino que se nos descubre a un guionista de la vieja escuela pero con una fuerza arrebatadora y una modernidad en las tramas y argumentos, aparte de unas caracterizaciones de personajes hondas y geniales, que le hizo ser un adelantado a su tiempo. Su ya lejana muerte sumada a las pocas publicaciones que hay en nuestro país, hace de él un desconocido pero Charlier es un grande. Yo personalmente veo su influencia en el comic y en el cine posterior y en las series de hoy en día que aunan intriga, misterio y aventura. Cuando lean al Teniente sabrán a que me refiero.
Sobre todo, y es el gran menester de esta reseña, quiero que vean como El teniente Blueberry nació y creció al calor del cine americano, del Western sobre todo, y fue adoptando y pasando por las etapas y corrientes que este tuvo.
La saga empieza con Fort navajo, dando comienzo al ciclo de Cochise y los indios apaches (1965-1969), que consta de cinco cómics, donde vemos representado toda la zona de USA y México con el río Grande de por medio con una veracidad y un conocimiento asombroso. En este primerizo ciclo, donde el joven Giraud muestra un clasicismo tradicional y en cierta manera arcaica para lo que vendrá después, aunque ya se le nota muy buenas maneras para la narración, vemos homenajear desde el Mayor Dundee de Pechimpah, Flecha rota de Delmer Daves, el Apache de Aldrich o Los que no perdonan de John Houston.

Flecha Rota. Delmer Daves (1950)
Después vino el único tomo autoconclusivo de la serie, El hombre de la estrella de plata (1969), tomo donde empieza y acaba de manera perfecta la historia que es todo un homenaje al cine del Oeste. Aquí vemos reminiscencias de Solo ante el peligro de Fred Zinnemann, El hombre que mato a Liberty Valance del maestro Ford y sobre todo, Río Bravo de Howard Hanks con un Blueberry en el papel de John Wayne.

Rio Bravo. Howard Hanks (1959)
Siguiendo el orden cronológico llegaría el ciclo de los Sioux (1970-1971) con El caballo de hierro y tres títulos más. En este caso, y partiendo de hechos históricos como la construcción del ferrocarril por dos compañías en una competición feroz, una por el este, otra por el oeste y de la masacre de indios sioux y su posterior respuesta en Little Big Horn, además de trasladarnos hacia el norte, hacia las grandes llanuras y las montañas rocosas, asistimos de manera sublime y personal a la visión de lo allí acaecido por los autores. Aquí ya comprobamos las concomitancias con el cine en la portada de el 2º titulo del ciclo: El hombre de el puño de hierro copiado directamente de la película The desperados de Henry Levin, con un Jetho Steelfingers parecido al villano de dicho filme, el gran Jack Palance.
Las películas que inspiran este ciclo van desde, Murieron con las botas puestas de Raoul Walsh, Union Pacific de Cecil B. DeMille (las viñetas panorámicas con muchas personas es un homenaje de Giraud a dicho director) o Soldado azul de Ralph Nelson, rodada en esa época, y donde ya se ve una denuncia a la matanza indiscriminada de indios.

Murieron con las Botas Puestas. Raoul Walsh (1941)
Hacer un inciso a esta altura para decir que en todos los ciclos de esta saga, hay situaciones y personajes que fueron verídicos, producto de la documentación que hicieron los autores, y que supieron muy sabiamente mezclar con cosas de su invención, dándole ya desde bien pronto a la saga un toque histórico, un status que ninguna otra serie del Oeste ha llegado a tener.
Hasta aquí se puede decir que llega el Blueberry clásico, el Blueberry como tebeo de genero puro, en este caso de genero del Oeste, siguiendo a su vez ese paralelismo con el cine del Oeste, en este caso con la época dorada del Western, años 40, 50 y primera mitad de los 60. Los ciclos que vienen después vienen ya con unas tramas, unos argumentos, unas caracterizaciones y personajes, unos diálogos y situaciones, en resumidas cuentas, una modernidad y una calidad, que aun siendo tebeos del Oeste, trascienden dicho genero aglutinando intriga, misterio, aventura, genero negro, denuncia social, genero histórico, genero carcelario, etc…
El siguiente ciclo, La mina del alemán perdido (1972-1973), compuesto de dos títulos, el mencionado y El fantasma de las balas de oro (inspirados los dos levemente en la leyenda del Lost Duchtman), es toda una lección de cómo en solo dos tomos sacar una inolvidable galería de secundarios digna del mejor cine americano y de una trama alrededor de una mina de oro realmente inolvidable. En cuanto a las películas referentes a este ciclo podemos mentar El tesoro de Sierra madre de John Houston y El oro de Mackenna de J. Lee Thompson, sobre una legendaria veta de oro emplazada en el territorio sagrado de los Apaches rodada un par de años antes, pero lo que ya se empezaba a adivinar eran las influencias del western europeo con Sergio Leone a la cabeza que en el lustro que va de 1965 a 1970 rodó sus películas fetiches.

El oro de Mackenna. J. Lee Thompson (1969)
Y con estas apareció Chihuahua Pearl, primer tomo del ciclo de El oro confederado (1973-1975), compuesto de cinco tomos. Para mí el ciclo estrella de la saga y uno de las cumbres del 9º Arte. No voy a hablar mucho de la genialidades de este ciclo, para eso están las críticas y estudios sobre Blueberry; mencionar que aquí la galería de personajes es sencillamente brutal encabezando el reparto uno de los personajes más memorables, Chihuahua Pearl (la zorrita de la Pearl como diría Jimmy McClure), prostituta, espía, atractiva aventurera, mercenaria, la antitesis de Bluberry. A este ciclo se le puede adjudicar influencias cinematográficas tan genéricas y dispares que sería difícil especificarlas, creándose una mixtura de géneros realmente fabulosa. Solo mentar que tenemos articulada un trama realmente trepidante y endiablada, con complots para matar al Presidente de USA, cárceles denigrantes con fugas de por medio, misiones suicidas, juego doble de espías, tiroteos, explosiones y violencia en la línea del mejor Pechimpah, asesinos a sueldo con cara de Ángeles, la mejor ambientación del mejor México prerrevolucionario que se ha hecho en la Historieta, locura y muerte desatada por el oro, traiciones y traiciones y mas traiciones en un juego infernal que deja, literalmente al lector, sin aliento y en estado de shock. Aparte de esta impresionante labor de Charlier, Giraud esta en este ciclo en su más excelso momento; con eso os digo todo, no necesito entrar en detalles.

Por Un Puñado de Dólares. Sergio Leone (1964)
Y ya llegando a su cenit, se publico Nariz rota, primer álbum del ciclo de Vitorio y los navajos (1980-1983), compuesto por cuatro títulos mas dos tomos broche donde los autores van cerrando las cuestiones planteadas en ciclos anteriores. En este ciclo los autores muestran la desmitificación y la decadencia del viejo Oeste y la llegada de los nuevos tiempos que hace agonizar toda una época, agonía que recorría también el cine del Oeste en aquellos años. Blueberry ya no es tal sino es Tsi Nah Pah. y se avergüenza del hombre blanco y de la supuesta modernidad que esta acabando con toda una forma de vida y una época histórica. Los western que pueden influir partiendo de los más antiguos como El incidente Ox-Bow de William A. Hellman, alegato furibundo contra el linchamiento y la injusticia, el ultimo western de John Ford, El Gran Combate, todo un acto de justicia hacia la nación india, o Pequeño Gran Hombre, atípico western de Arthur Penn, otro alegato crepuscular del viejo Oeste, aunque también se adivina influencias desde Sam Pechimpah, Michael Cimino o Clint Eastwood.

El Gran Combate. John Ford (1964)
Y pensando en terminar este fabuloso recorrido, llego el óbito de Jean Marie Charlier, cosa que hizo pensar a mucha gente que o El teniente Blueberry se había acabado o Giraud se podía convertir en Moebius y despersonalizar la saga haciendo experimentos raros. Al final, Giraud contradiciendo a mucha gente, demostró que tantos años con grandes guionistas le habían traído un bagaje realmente interesante y termino la saga con El ciclo de Geronimo y el O.K. Corral (1995-2007), compuesto por cinco tomos, donde nos regala su versión del famoso duelo de Wyatt Earp y Doc Holiday, con Blueberry de por medio como genial observador. Decir que Giraud nos acerca la cámara de manera genial a unos personajes, y los disecciona con el bisturí todo en aras de profundizar psicológicamente en un momento cumbre de esa época y una de las grandes leyendas del Oeste, con un dibujo mas Moebius que nunca pero con ese toque clásico Blueberryeresco. De las influencias de películas clásicas referentes al famoso duelo podemos mencionar Pasión de los fuertes de John Ford o El póker de la muerte de Henry Hathaway, aunque lo que de verdad se nota son influencias genéricas y variadas como pueden ser el personaje de John Wayne en Centauros del desierto o Sin perdón de Eastwood o El golpe y Dos hombres y un destino de George Roy Hill.

Dos Hombres y un Destino. George Roy Hill (1969)
Y despedirme, con un alegato doble: el primero a favor de este tipo de cine, que aunque hay muchas películas que han envejecido mucho y mal, hay bastantes otras que se mantienen con un vigor y una calidad que estoy seguro que más de uno se sorprendería y el segundo es, como no, a favor de esta obra maestra de arte de la viñeta, donde se conjugaron dos de grandes de esta disciplina artística para mostrarnos como se vive la aventura en letras mayúsculas siempre manteniendo la integridad moral y la dignidad como argumento principal y maestría por bandera.
viernes, 8 de enero de 2010
La Visita: Japi.
Ya dije en su momento que si algún amigo tuviera la visita planeada, a medio acabar, y quisiera participar en ella, sin dudarlo ni un momento, le abriría las puertas de La Caraviñeta.
Así, cuando uno de los Japis apareció en mi puerta, con una botella de vino (gran reserva, por cierto) no pude hacer otra cosa que levantar el cierre y empujarlo para dentro y así poder charlar un rato con él.
Y es que Japiland, o Ui Ar de Japis en el idioma de sus habitantes, es uno de los países más atrayentes y fantásticos que se puede visitar por el mundo comiquero de internet. Paisajes de una gran belleza acompañarán al turista que se deje perder por sus maravillosos caminos. Donde el arte (el noveno, exactamente) se puede observar en cada una de sus rincones.

Para el que nunca haya visitado tan emblemático destino, me permito aconsejarle sobre los monumentos más importantes a visitar:
Noticias
Autores
Homenajes
Portadas
No dejéis de visitarlo. Os encantará.
Con Japi (uno de ellos) hablamos sobre las Pequeñas Joyas, que nos ha dado este arte.
Pues yo era uno de los invitados para una de esas "visitas" pero ... no tuve bastante con unos meses para currarme una entrada con cara y ojos y ... se acabaron las visitas.
Y hoy es Día de Reyes y quería hacerle un regalo a Angux que se cansó de esperar mi colaboración.
Aquí está parte del material comentado que recopilé para su "visita" y nuestra más calurosa recomendación de "visitar" su más que recomendable blog.

Dada mi ineptitud para hacer comentarios profundos sobre tebeos decidí bucear en mi maltrecha mente y mi atestada biblioteca buscando esas "pequeñas joyas" que en un momento u otro alumbraron mi vida, mi mente, mi corazón. Intenté esquivar esas "obras magnas" que a todos nos vienen a la memoria, nada de "watchmens" o "trazos de tiza", nada de "Elektras asesinas" ni "Torpedos". Intentar pensar en esas viñetas, esas páginas, esas escenas que en un momento u otro tocaron las cuerdas axonales de mis derruidas neuronas tocando alguna melodía especial.

Y todo comienza con el Calvin y Hobbes de Bill Watterson. Los maravillosos personajes que siempre funcionan como "simiente" haciendo crecer ideas y sensaciones agradables en quien las lee.
Y un especial recuerdo me trae esas viñetas y tiras con protagonismo de los "muñecos de nieve".

Y de ahí nos venimos al final de una de mis historietas favoritas de Corto Maltés del gran dibujante y aventurero italiano Hugo Pratt. Es una de las historietas recopiladas en el tomo de "Las Célticas" y estaba ambientada en el IRA y su lucha contra la tiranía británica en una visión romántica de la lucha armada por unos ideales, algo que a día de hoy resulta tan políticamente incorrecto siquiera pensarlo.

Digna de mención es esa última viñeta con un pensaroso Corto sentado en una playa rodeado por gaviotas, una viñeta que resumen a las mil maravillas al personaje y a una actitud contemplativa y a la vez activa en la vida, algo tan alejado de los acelerados tiempos que nos tocan vivir donde no tenemos tiempo de "contemplar" (ni de hacer las "visitas" imprescindibles) y precisamente nuestra misión en LA VIDA mayoritariamente no pasa de ser meros contempladores, testigos de los acontecimientos que nos tocan vivir y que cada vez nos es más difícil influir en ellos.
De esa viñeta, haciendo la mínima búsqueda de material de referencia, ví una versión coloreada que os pongo y que está "girada" con respecto al original de la historieta. Es curioso que con este simple "giro" cambia totalmente la narrativa de esa viñeta. En la viñeta coloreada Corto mira hacia la derecha, si "leemos" esta imagen parece que el personaje está reflexionando sobre el futuro, la derecha del punto en el que estamos es lo que está por venir, lo que está por leer, lo que está por escribir. En cambio en la disposición original mira a la izquierda, al pasado, a lo ocurrido, a lo leído, a lo escrito. Este efecto está aumentado cuando por la diposición de las últimas dos tiras de la página podemos contemplar a Corto "observando" su despedida de la preciosa joven activista irlandesa que lo acaba de dejar por la lucha por unos ideales.

Y de italiano a italiano en esta magnífica "Splash page" del "H.P. y Giuseppe Bergman" de Milo Manara.
Una obra que tiene una relación con Hugo Pratt que es protagonista como maestro de ceremonias de las imposibles aventuras de un personaje como Giuseppe Bergman que va saltando de aventura en espacios abiertos a aventuras introspectivas, a experiencias polítiqueras herederas de la utópica utopía de Mayo del 68, con el imprescindible toque erótico que nunca falta en cualquier obra de Manara.
Esta viñeta-página que ilustra como pocas el proceso alucinatorio-psicodélico-lisérgico de un viaje de peyote me persiguió durante mucho tiempo tanto en mis buenos sueños como en mis nefastas pesadillas.
Espero que ahora haga lo mismo con vosotros.

Y cambiando de tercio me puse a pensar en el personaje que me hizo volver a los cómics de superheroes después de años de desapego y rápidamente estas tres escenas vinieron a mis cabecita. Dos de la insuperable etapa de Chris Claremont y John Byrne en la colección. La primera siempre la recordaré leída en esas ediciones Vértice en Blanco y Negro en el interior de un Seat 850 verde oliva (nuestro primer coche familiar). Esa conversación cortante entre Cíclope y Lobezno quedó grabada en mi mente no sé el motivo pera aún la releo y me encanta.

La segunda escena es la típica e impactantísima salida de Lobezno de las aguas fecales de las cloacas del Club del Fuego Infernal.
La otra imagen es esta splash page inicial de la miniserie del personaje que hicieron Chris Claremont y Frank Miller, en ella se acuña otra de las frases míticas: "Yo soy Lobezno. Soy el mejor en mi oficio, aunque mi oficio no sea muy agradable".

Y aqui os presento la más surrealista viñeta que os podáis echar a la cara. Una viñeta perpetrada por el talento mágico de Alan Moore y plasmada gráficamente por Kevin Nowlan. Una viñeta dentro de una de las historietas de Jack B. Quick dentro de las Tomorrow Stories de Alan Moore.
Leedla y alucinad conmigo.

Y en estos momentos se me aparecieron dos imágenes de las historietas del gran Jean Giraud 'Moebius'

Imágenes, escenas e historietas con un componente fálico realmente importante. Podemos empezar por esa doble página de la impagable historieta de Long Tomorrow que contaba con guión de Dan O'Bannon. Y seguiríamos con una "obra menor" del genio francés, El Lúbrico Crónico, basada en un personaje con una erección irreductible durante la mayor parte del tebeo.
Es lógico, y espero que excusable, que estos dos tebeos influyeran de forma notable en un descontrolado lector adolescente.

Y no puedo dejar de mostrar unas páginas magistrales del "Un poco de humo azul" de Rubén Pellejero con guión de Lapiere. Os pondría cualquiera de las páginas que son un concierto de historias, narrativa, dibujo y colores que te abordan y te desbordan a partes iguales, pero he escogido estas páginas mudas de la última parte del libro ... qué difícil es contar tanto con tan poco ... y qué bien lo hace Rubén.

He de reconocer que mi afición comiquera se cimentó en mi adolescencia en las "Revistas de cómics" que en su tiempo se llamaron "para adultos". En nuestra biblioteca, que ahora descansa en casa de mis padres, están las colecciones completas o "bastante completas" de revistas como 1984 y su heredera Zona 84, Creepy, Ilustracion & Comix, Cimoc, Cairo, Totem, Rambla, Rampa, K.O.Comics, ...
Pero a la hora de poner algo relacionado con estas revistas me vino a la mente este número de presentación de la revista Complot que editara el insigne Joan Navarro y que en este número contó con una portada de Mique Beltrán (que en el interior presentaba la serie de Mujeres Fatales que guionizaba con dibujos de Max).
En el interior de este número había tres maravillas en forma de historietas cortas de las que aquí os pongo una página de muestra. La primera es una historieta de Federico del Barrio con el título de "Cantaré una canción cuando despierte". Una maravilla de juego comunicativo entre emisor y receptor, mensaje y mensajero, medio y contenido, que nos deja con un regusto magnífico.

Sigue la historieta de Peter Pan de Pere Joan, una de las incluídas en el tomo "Mi cabeza bajo el mar". Un juego melancólico entre la edad que no pasa y la edad que no para de pasar. Una delicia gráfica que deja un regusto intencionadamente amargo.
Y acaba la excelente historieta de "El Rey del Congo" que dibuja Raúl sobre un guión del recientemente premiado con el Premio Nacional del Cómic con el dibujante Bartolomé Seguí Felipe Hernández Cava. Una historieta sencilla que unen admiración infantil, ilusiones y responsabilidad de la figura del "admirado" en la alemania pre-nazi. La importancia de "hacer lo que se tiene que hacer" como hilo conductor de las ilusiones que tienen muy duro el pervivir. Una maravilla.

Y aquí se acaba la "visita" por hoy. Había más imágenes que se quedaron en la cuneta y había un buen puñado de "Ataques contra la cuarta pared", otro de los temas recurrentes en mi desolada mente que aparecerán por aquí en unas semanas.
Me despido de vosotros y especialmente de Angux al que deseo que le haya gustado este especial "Regalo de Reyes".
Así, cuando uno de los Japis apareció en mi puerta, con una botella de vino (gran reserva, por cierto) no pude hacer otra cosa que levantar el cierre y empujarlo para dentro y así poder charlar un rato con él.
Y es que Japiland, o Ui Ar de Japis en el idioma de sus habitantes, es uno de los países más atrayentes y fantásticos que se puede visitar por el mundo comiquero de internet. Paisajes de una gran belleza acompañarán al turista que se deje perder por sus maravillosos caminos. Donde el arte (el noveno, exactamente) se puede observar en cada una de sus rincones.
Para el que nunca haya visitado tan emblemático destino, me permito aconsejarle sobre los monumentos más importantes a visitar:
Noticias
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Homenajes
Portadas
No dejéis de visitarlo. Os encantará.
Con Japi (uno de ellos) hablamos sobre las Pequeñas Joyas, que nos ha dado este arte.
Pues yo era uno de los invitados para una de esas "visitas" pero ... no tuve bastante con unos meses para currarme una entrada con cara y ojos y ... se acabaron las visitas.
Y hoy es Día de Reyes y quería hacerle un regalo a Angux que se cansó de esperar mi colaboración.
Aquí está parte del material comentado que recopilé para su "visita" y nuestra más calurosa recomendación de "visitar" su más que recomendable blog.
Dada mi ineptitud para hacer comentarios profundos sobre tebeos decidí bucear en mi maltrecha mente y mi atestada biblioteca buscando esas "pequeñas joyas" que en un momento u otro alumbraron mi vida, mi mente, mi corazón. Intenté esquivar esas "obras magnas" que a todos nos vienen a la memoria, nada de "watchmens" o "trazos de tiza", nada de "Elektras asesinas" ni "Torpedos". Intentar pensar en esas viñetas, esas páginas, esas escenas que en un momento u otro tocaron las cuerdas axonales de mis derruidas neuronas tocando alguna melodía especial.
Y todo comienza con el Calvin y Hobbes de Bill Watterson. Los maravillosos personajes que siempre funcionan como "simiente" haciendo crecer ideas y sensaciones agradables en quien las lee.
Y un especial recuerdo me trae esas viñetas y tiras con protagonismo de los "muñecos de nieve".
Y de ahí nos venimos al final de una de mis historietas favoritas de Corto Maltés del gran dibujante y aventurero italiano Hugo Pratt. Es una de las historietas recopiladas en el tomo de "Las Célticas" y estaba ambientada en el IRA y su lucha contra la tiranía británica en una visión romántica de la lucha armada por unos ideales, algo que a día de hoy resulta tan políticamente incorrecto siquiera pensarlo.
Digna de mención es esa última viñeta con un pensaroso Corto sentado en una playa rodeado por gaviotas, una viñeta que resumen a las mil maravillas al personaje y a una actitud contemplativa y a la vez activa en la vida, algo tan alejado de los acelerados tiempos que nos tocan vivir donde no tenemos tiempo de "contemplar" (ni de hacer las "visitas" imprescindibles) y precisamente nuestra misión en LA VIDA mayoritariamente no pasa de ser meros contempladores, testigos de los acontecimientos que nos tocan vivir y que cada vez nos es más difícil influir en ellos.
De esa viñeta, haciendo la mínima búsqueda de material de referencia, ví una versión coloreada que os pongo y que está "girada" con respecto al original de la historieta. Es curioso que con este simple "giro" cambia totalmente la narrativa de esa viñeta. En la viñeta coloreada Corto mira hacia la derecha, si "leemos" esta imagen parece que el personaje está reflexionando sobre el futuro, la derecha del punto en el que estamos es lo que está por venir, lo que está por leer, lo que está por escribir. En cambio en la disposición original mira a la izquierda, al pasado, a lo ocurrido, a lo leído, a lo escrito. Este efecto está aumentado cuando por la diposición de las últimas dos tiras de la página podemos contemplar a Corto "observando" su despedida de la preciosa joven activista irlandesa que lo acaba de dejar por la lucha por unos ideales.
Y de italiano a italiano en esta magnífica "Splash page" del "H.P. y Giuseppe Bergman" de Milo Manara.
Una obra que tiene una relación con Hugo Pratt que es protagonista como maestro de ceremonias de las imposibles aventuras de un personaje como Giuseppe Bergman que va saltando de aventura en espacios abiertos a aventuras introspectivas, a experiencias polítiqueras herederas de la utópica utopía de Mayo del 68, con el imprescindible toque erótico que nunca falta en cualquier obra de Manara.
Esta viñeta-página que ilustra como pocas el proceso alucinatorio-psicodélico-lisérgico de un viaje de peyote me persiguió durante mucho tiempo tanto en mis buenos sueños como en mis nefastas pesadillas.
Espero que ahora haga lo mismo con vosotros.
Y cambiando de tercio me puse a pensar en el personaje que me hizo volver a los cómics de superheroes después de años de desapego y rápidamente estas tres escenas vinieron a mis cabecita. Dos de la insuperable etapa de Chris Claremont y John Byrne en la colección. La primera siempre la recordaré leída en esas ediciones Vértice en Blanco y Negro en el interior de un Seat 850 verde oliva (nuestro primer coche familiar). Esa conversación cortante entre Cíclope y Lobezno quedó grabada en mi mente no sé el motivo pera aún la releo y me encanta.
La segunda escena es la típica e impactantísima salida de Lobezno de las aguas fecales de las cloacas del Club del Fuego Infernal.
La otra imagen es esta splash page inicial de la miniserie del personaje que hicieron Chris Claremont y Frank Miller, en ella se acuña otra de las frases míticas: "Yo soy Lobezno. Soy el mejor en mi oficio, aunque mi oficio no sea muy agradable".
Y aqui os presento la más surrealista viñeta que os podáis echar a la cara. Una viñeta perpetrada por el talento mágico de Alan Moore y plasmada gráficamente por Kevin Nowlan. Una viñeta dentro de una de las historietas de Jack B. Quick dentro de las Tomorrow Stories de Alan Moore.
Leedla y alucinad conmigo.
Y en estos momentos se me aparecieron dos imágenes de las historietas del gran Jean Giraud 'Moebius'
Imágenes, escenas e historietas con un componente fálico realmente importante. Podemos empezar por esa doble página de la impagable historieta de Long Tomorrow que contaba con guión de Dan O'Bannon. Y seguiríamos con una "obra menor" del genio francés, El Lúbrico Crónico, basada en un personaje con una erección irreductible durante la mayor parte del tebeo.
Es lógico, y espero que excusable, que estos dos tebeos influyeran de forma notable en un descontrolado lector adolescente.
Y no puedo dejar de mostrar unas páginas magistrales del "Un poco de humo azul" de Rubén Pellejero con guión de Lapiere. Os pondría cualquiera de las páginas que son un concierto de historias, narrativa, dibujo y colores que te abordan y te desbordan a partes iguales, pero he escogido estas páginas mudas de la última parte del libro ... qué difícil es contar tanto con tan poco ... y qué bien lo hace Rubén.
He de reconocer que mi afición comiquera se cimentó en mi adolescencia en las "Revistas de cómics" que en su tiempo se llamaron "para adultos". En nuestra biblioteca, que ahora descansa en casa de mis padres, están las colecciones completas o "bastante completas" de revistas como 1984 y su heredera Zona 84, Creepy, Ilustracion & Comix, Cimoc, Cairo, Totem, Rambla, Rampa, K.O.Comics, ...
Pero a la hora de poner algo relacionado con estas revistas me vino a la mente este número de presentación de la revista Complot que editara el insigne Joan Navarro y que en este número contó con una portada de Mique Beltrán (que en el interior presentaba la serie de Mujeres Fatales que guionizaba con dibujos de Max).
En el interior de este número había tres maravillas en forma de historietas cortas de las que aquí os pongo una página de muestra. La primera es una historieta de Federico del Barrio con el título de "Cantaré una canción cuando despierte". Una maravilla de juego comunicativo entre emisor y receptor, mensaje y mensajero, medio y contenido, que nos deja con un regusto magnífico.
Sigue la historieta de Peter Pan de Pere Joan, una de las incluídas en el tomo "Mi cabeza bajo el mar". Un juego melancólico entre la edad que no pasa y la edad que no para de pasar. Una delicia gráfica que deja un regusto intencionadamente amargo.
Y acaba la excelente historieta de "El Rey del Congo" que dibuja Raúl sobre un guión del recientemente premiado con el Premio Nacional del Cómic con el dibujante Bartolomé Seguí Felipe Hernández Cava. Una historieta sencilla que unen admiración infantil, ilusiones y responsabilidad de la figura del "admirado" en la alemania pre-nazi. La importancia de "hacer lo que se tiene que hacer" como hilo conductor de las ilusiones que tienen muy duro el pervivir. Una maravilla.
Y aquí se acaba la "visita" por hoy. Había más imágenes que se quedaron en la cuneta y había un buen puñado de "Ataques contra la cuarta pared", otro de los temas recurrentes en mi desolada mente que aparecerán por aquí en unas semanas.
Me despido de vosotros y especialmente de Angux al que deseo que le haya gustado este especial "Regalo de Reyes".
domingo, 3 de enero de 2010
La Visita: S e b a s.
Hoy recibimos la última visita en La Caraviñeta de la mano de S e b a s y cerramos así la mejor sección que ha tenido este blog. En ella se ha logrado una participación que, sinceramente, no esperaba y todas y cada una de sus entradas han sido de una calidad y generosidad desmedida.
Aprovecho para agradecer nuevamente las "visitas" de todos los que hebéis participado en ella e, igualmete, agradecerselo también a los que seguro iban a participar y no lo habían hecho aún por falta de tiempo... siempre el tiempo.

S e b a s nos enseña en La Estantería de mi Casa su particular colección de originales, de dedicatorias que consigue de sus autores preferidos y algunos dibujos a los que el mismo da forma para alguna ocasión especial. Igualmente se encarga de refrescarnos la memoria hablándonos de la extinta Editorial Valenciana y sus autores.
Junto a él, hablamos del pasado Expocomic donde tuve el gusto de saludarle personalmente:
XII Edición del Salón del Cómic internacional de Madrid, Expocómic 2009

Coincidiendo con la hora en la que muchas personas se concentraban este sábado en la capital de España para manifestarse y protestar contra la crisis económica y el desempleo en la que este país se encuentra inmerso, el Pabellón de Convenciones de la Casa de Campo acumulaba una gran afluencia de aficionad@s al cómic deseosas de evadirse por unos momentos y poder disfrutar con esta sana afición.

De vuelta ya de la 12º edición de EXPOCÓMIC celebrado en el Pabellón de Convenciones de La Casa de Campo. Un poco agotado a pesar de haber estado únicamente el viernes y sábado. Han sido casi dos días completos por allí sin parar ni un momento. En esta edición se han podido ver buenos dibujantes por los diferentes stands y en las sesiones de firmas. De las exposiciones que pude ver yo destacaría para mi gusto, sin desmerecer por supuesto las otras, la de LOS ORÍGENES DE EL SILENCIO DE MALKA (de Jorge Zentner y Rubén Pellejero).

El sábado por la mañana en la sesión de firmas para los aficionados pudimos ver entre otros a ANA MIRALLES, PURITA CAMPOS, JORDI BERNET, SANJULIAN, MARTÍN SAURÍ, etc, etc…
En primer plano vemos a la dibujante Ana Miralles, haciendo un dibujo curradísimo en mi bloc de bocetos.

Esta es la relación de ganadores de los premios Expocómic 2009
Mejor Obra Nacional:
El Juego de la luna (Enrique Bonet y José Luis Munuera; Astiberri)
Mejor Guionista Nacional:
Enrique Bonet (El Juego de la luna; Astiberri)
Mejor Dibujante Nacional:
Rafa Sandoval y Roger Bonet (El Increíble Hercules: Invasión Sagrada; Panini Comics)
Mejor Obra Internacional:
Los Muertos Vivientes 8: Creados para sufrir (Robert Kirkman y Charlie Adlard; Planeta DeAgostini)
Mejor Autor revelación:
Salva Espín (WWH: El Día Despues Control de Daños; Hercules, Lobezno Primera Clase; Panini Comics)
Mejor Fanzine:
Adobo 3
Mejor Comic On Line:
Pardillos


Felicitar desde aquí al amigo Roger Bonet por su reciente premio en este Expocómic al mejor dibujante nacional. Muy entretenido ese ratillo de dibujos y cervezas junto con él, el dibujante Jordi Tarragona y Antonio Busquets.
Nos vemos en el XIII EXPOCÓMIC de MADRID.
Aprovecho para agradecer nuevamente las "visitas" de todos los que hebéis participado en ella e, igualmete, agradecerselo también a los que seguro iban a participar y no lo habían hecho aún por falta de tiempo... siempre el tiempo.

S e b a s nos enseña en La Estantería de mi Casa su particular colección de originales, de dedicatorias que consigue de sus autores preferidos y algunos dibujos a los que el mismo da forma para alguna ocasión especial. Igualmente se encarga de refrescarnos la memoria hablándonos de la extinta Editorial Valenciana y sus autores.
Junto a él, hablamos del pasado Expocomic donde tuve el gusto de saludarle personalmente:
XII Edición del Salón del Cómic internacional de Madrid, Expocómic 2009
Coincidiendo con la hora en la que muchas personas se concentraban este sábado en la capital de España para manifestarse y protestar contra la crisis económica y el desempleo en la que este país se encuentra inmerso, el Pabellón de Convenciones de la Casa de Campo acumulaba una gran afluencia de aficionad@s al cómic deseosas de evadirse por unos momentos y poder disfrutar con esta sana afición.
De vuelta ya de la 12º edición de EXPOCÓMIC celebrado en el Pabellón de Convenciones de La Casa de Campo. Un poco agotado a pesar de haber estado únicamente el viernes y sábado. Han sido casi dos días completos por allí sin parar ni un momento. En esta edición se han podido ver buenos dibujantes por los diferentes stands y en las sesiones de firmas. De las exposiciones que pude ver yo destacaría para mi gusto, sin desmerecer por supuesto las otras, la de LOS ORÍGENES DE EL SILENCIO DE MALKA (de Jorge Zentner y Rubén Pellejero).

El sábado por la mañana en la sesión de firmas para los aficionados pudimos ver entre otros a ANA MIRALLES, PURITA CAMPOS, JORDI BERNET, SANJULIAN, MARTÍN SAURÍ, etc, etc…
En primer plano vemos a la dibujante Ana Miralles, haciendo un dibujo curradísimo en mi bloc de bocetos.

Esta es la relación de ganadores de los premios Expocómic 2009
Mejor Obra Nacional:
El Juego de la luna (Enrique Bonet y José Luis Munuera; Astiberri)
Mejor Guionista Nacional:
Enrique Bonet (El Juego de la luna; Astiberri)
Mejor Dibujante Nacional:
Rafa Sandoval y Roger Bonet (El Increíble Hercules: Invasión Sagrada; Panini Comics)
Mejor Obra Internacional:
Los Muertos Vivientes 8: Creados para sufrir (Robert Kirkman y Charlie Adlard; Planeta DeAgostini)
Mejor Autor revelación:
Salva Espín (WWH: El Día Despues Control de Daños; Hercules, Lobezno Primera Clase; Panini Comics)
Mejor Fanzine:
Adobo 3
Mejor Comic On Line:
Pardillos


Felicitar desde aquí al amigo Roger Bonet por su reciente premio en este Expocómic al mejor dibujante nacional. Muy entretenido ese ratillo de dibujos y cervezas junto con él, el dibujante Jordi Tarragona y Antonio Busquets.
Nos vemos en el XIII EXPOCÓMIC de MADRID.
lunes, 21 de diciembre de 2009
La Visita: Jose Luis Povo.
Me apetecía hablar un poco de la línea clara.
Así pues, me puse en contacto con el amigo Jose Luis Povo, creador de Mis Comics y Más, el que es, posiblemente, el blog donde más, y mejor, información podemos obtener de esta forma de entender la historieta.

Jose Luis, amigo desde hace un tiempo de La Caraviñeta, no dudó ni un instante en hacernos una Visita y vino, como era de suponer, cargado hasta los dientes de tebeos.
De todos los que traía, algunos totalmente desconocidos para el que esto escribe, me llamó la atención uno en concreto, sus páginas no eran aún más que bocetos a lápiz. ¿Qué es esto? - pregunté asombrado- ¿Acaso posees algún original de uno de estos autores?. No, no, que va! - exclamó Jose Luis - Es un comic en el que me encuentro trabajando en estos momentos, ¿Acaso no has visto en mi blog mis antiguas historietas?.
Así, hablamos de la fantástica pinta que tenía su proyecto y también, y como es lógico, de la línea clara, donde dejó muestras de lo mucho que sabe al respecto.
Tras la Estela de Hergé.

El 3 de marzo de 1983, un día como cualquier otro, llegué al colegio (contaba entonces 15 años) y mi amigo Ángel llegó poco después exclamando:”ha palmado Hergé!”.A esas alturas había leído varias veces a cada uno de los 22 álbumes de Tintín. Llevaba 8 años, desde que salió Tintín y los Pícaros, fijándome en las estanterías de El Corte Inglés para ver si aparecía ese nuevo álbum en el que se decía que el maestro estaba trabajando. Ante la ausencia de nuevos libros de Tintín, llevaba algún tiempo preguntándome si existían otras series parecidas en las que poderme refugiar bajo el conocido lema” a falta de pan buenas son tortas”.
Inicié entonces un camino de baldosas amarillas que voy a tratar de contar lo mejor que pueda para compartirlo con los lectores de La Caraviñeta, respondiendo a la amable invitación del amigo Angux.
Con motivo de la muerte de Hergé se publicó el CAIRO ESPECIAL HERGÉ, revista excepcional que a muchos nos permitió, entre otras cosas, saber algo más sobre otros dibujantes afines a Hergé. A través de dos artículos, firmados por Ignacio Molina y Ramón de España respectivamente, pude acercarme, por un lado, a la obra de los colaboradores de Hergé (Edgar P.Jacobs, Bob de Moor y Jacques Martin) y, por otro, a los autores que en los años ochenta recogían el testigo de Hergé de una u otra forma, y que pertenecían a lo que ha dado en llamarse “Escuela de la Línea clara”. A lo largo de este artículo me referiré varias veces a este CAIRO, que para mí fue el hito de salida del camino por la estela de Hergé, y voy a ir dando mi visión personal de los comics y autores que allí se citaban, siguiendo así un hilo conductor del que quedan fuera, lo sé, otros autores, también influenciados por Hergé, como Tibet, Vandersteen, Craenhals, etc. , sobre los que os invito, si tenéis interés, a conocer un poco a través de mi blog mis comics y más.
Precisamente pocos meses antes de ese 3 de marzo había descubierto a Blake y Mortimer, de Edgar P. Jacobs, a través de “El misterio de la gran pirámide”, serie que acababa de empezar a publicarse, por primera vez en España, por Grijalbo. Aunque ignoraba que su autor, Edgar P. Jacobs, había sido colaborador de Hergé, me llamó la atención la similitud entre su estilo de dibujo y el de Tintín. Me abalancé sobre Blake y Mortimer con esa idea de encontrar algo parecido a Tintín, pero en seguida me di cuenta de que ambos universos eran muy diferentes.

Gráficamente, Jacobs va abandonando poco a poco la línea clara de “El misterio de la Gran pirámide” y su dibujo se va haciendo más realista, sin perder ese tono teatral que para mí es uno de los rasgos que más le caracterizan. Lo que más eché de menos en sus aventuras fueron los gags y en general el sentido del humor que envuelve a las historias de Tintín. Eso no quita para que con el tiempo me fuera haciendo con toda la colección y me fuera dejando envolver por esa combinación de misterio, ciencia ficción y flema británica que caracterizan los álbumes de estos héroes. Las diferencias entre Hergé y Jacobs, y la dimensión misma de la
obra de este último, me parecen suficientes para no considerarle un seguidor o discípulo de Hergé, sino un clásico en sí mismo.

Siguiendo con los colaboradores de Hergé, el que a priori parece que ofrece al lector de Tintin más posibilidades de disfrute es Bob de Moor, por la similitud que presenta (insisto, a priori) su personaje Barelli con Tintín. La similitud es tanto gráfica como en la temática de las historias. El dibujo de las historietas de Barelli recuerda muchísimo, sobre todo en los últimos a álbumes, al de Tintín. No en vano De Moor fue durante los últimos años de vida de la serie Tintín, la mano derecha de Hergé, y a su plumilla debemos el 100% de álbumes como Tintín y los pícaros o el remake de La Isla Negra. Barelli es un actor de teatro dado a meterse en follones, que de vez en cuando utiliza fuera del escenario su habilidad para caracterizarse, cuando le conviene para salir con bien de los enfrentamientos con villanos de la peor especie en los que se ve envuelto.

Ante este atractivo planteamiento, me puse a leer con ilusión la primera aventura de Barelli y me encontré con que, si Tintín se lee de un tirón, Barelli me resultaba tan aburrido que me costaba trabajo terminar el álbum. Primera pista de que algo muy especial debe tener Tintín para que el más cercano colaborador de Hergé no consiga acercarse ni de lejos al resultado de su maestro. Después he conocido sus otras obras Johan et Stephan (aquí Oscar y Julián), que me han dejado también bastante frío, y Cori el Grumete. Ésta última, curiosamente en la que De Moor más se aleja de Tintín, me parece su obra más lograda. Aunque aquí se ve a De Moor algo incómodo en el dibujo de los personajes, las historias tienen más intensidad y mantienen mejor el interés.

El siguiente paso era abalanzarme sobre las principales obras del otro gran discípulo de Hergé, Jacques Martin: el galorromano Alix y el periodista Lefranc. Cuál no sería mi sorpresa al ver que se trataba de comics muy serios, que se me antojaban muy diferentes a Tintín, tanto por el mayor realismo del dibujo como por el carácter dramático de las historias. Si en Blake y Mortimer casi no había humor, aquí sí que estaba ausente por completo.
En una segunda visita, años después, a los comics de Jacques Martin, ya sin la obsesión de buscar ese clon de Tintín que a mis quince años había buscado desesperadamente, los he apreciado mucho más. Alix es una serie muy sólida, con un gran cuidado por el detalle y la verosimilitud histórica, con un dibujo riguroso y de gran calidad. Los personajes son más realistas que en Tintín, y eso es coherente con el hecho de que las historias que se cuentan también tienen carácter más serio. Respecto al dibujo de los fondos (paisajes, ciudades, etc.), si los miramos con detenimiento, nos daremos cuenta de su parecido con los de la etapa de Tintín “El asunto Tornasol” o “Stock de Coque” y se evidencia que fue Martin quien se ocupó de dibujar los fondos de estos álbumes de Tintín. Hace poco he sabido que algunos gags geniales que aparecen en Tintín en esa época, como el famoso del esparadrapo de “El asunto Tornasol”, se deben a Martin. Parece ser que se su capacidad para el humor la reservaba para su trabajo con Hergé. Las aventuras del periodista Guy Lefranc, la otra gran serie de Martin, también me han proporcionado momentos de disfrute, una vez que entré al trapo en su mundo de amenazas globales y armas absolutas. Se trata de una serie que por su temática y tono, encuentro más cercana a Blake y Mortimer que a Tintín.

Podríamos decir que Martin se fue de los estudios Hergé no para hacer “más de lo mismo” en solitario, sino para hacer cosas muy diferentes, y de hecho después ha ido creando su propia escuela, hoy plenamente viva y en activo, al igual que el maestro, y que ha dado vida a un buen número de otras series (Jehn, Orion, Keos, Arno y Löis).
Como decía antes, el otro mundo que se abrió ante mí gracias a aquel CAIRO ESPECIAL HERGE fue el de los historietistas de línea clara que en esa época estaban firmando obras en las que, de un modo más o menos explícito, se percibía la influencia de Hergé: Ted Benoit, Floc´h, Yves Chaland, Dick Briel y Tardi. Aunque reconozco que agrupar a los artistas en corrientes o escuelas suele ser útil, no soy demasiado amigo de las etiquetas, y de hecho creo que en una lista de sólo cinco dibujantes, como la que acabo de poner, se encuentra gente con rasgos muy distintos. En el caso de Benoit y Briel, el parecido con Tintín es más evidente. Floc’h y Chaland y aúnan, como veremos, otras influencias, consiguiendo un resultado más personal. Y en el caso de Tardi, más todavía, con lo cual deliberadamente dejo su obra, fascinante y única, fuera del alcance de este artículo.
Benoit, responsable de haber dado base teórica a la línea clara en su libro “Vers la ligne Claire”, consideró en un momento dado de su carrera que había dado con un estilo, heredero directo del de Hergé, que se ajustaba perfectamente a las historias que quería contar, y que ese iba a ser a partir de entonces su lenguaje gráfico. Abandonó pues el trazo underground de obras suyas anteriores como Hospital para entregarse a la estética hergeiana. Y a fe que el resultado resulta atractivo. Al acercarnos a su obra Berceuse Electrique, (a la que por cierto dejaba como un trapo Ramón de España en el artículo de Cairo), vemos cómo se crea ante nuestros ojos toda una ciudad imaginaria, Metrópolis, que se desarrolla en el futuro pero con la estética de las urbes americanas de los años cincuenta. Coches, ropa, diseño, arquitectura, etc., nos trasladan a esa épica mítica, y estéticamente el resultado está logradísimo. El empleo del blanco y negro contribuye también a evocar el cine negro norteamericano de aquella época. A pesar de ser en blanco y negro, no carga con sombras las páginas, si no que utiliza la escala de grises (Podemos hablar de un dibujo en blanco, negro y gris). La única pega es que las páginas resultan un poco plomizas, quizá les habría hecho falta algo más de blanco.

El argumento de esta nana eléctrica, inverosímil y rebuscado, es una de las causas del vapuleo que le propinó el amigo Ramón de España. Sin embargo, yo le veo su gracia y me recuerda por momentos al cine de Hitchcock, o las novelas de Raymond Chandler, en las que se van concatenando escenas y situaciones que te van intrigando y a las que no encuentras en principio ninguna explicación. La falta de “pies y cabeza” de la historia, que criticaba De España, me parece un rasgo intencionado por parte de Benoit, que está en la base de todo.

Así pues, en nuestro camino siguiendo la estela de Hergé, creo que Benoit es una escala obligada y la mejor muestra de que integrar influencias suele dar resultados interesantes; en este caso, se plasman en una sola obra la pasión de Benoit por el cine americano clásico con la estética tintinesca, y ambas cosas casan bien.
Algo parecido podemos decir de Floc’h y Rivière cuyo personaje Francis Albany llenaba la portada del nº 1 de CAIRO. Joan Navarro quiso estrenar su revista con “Dossier Harding”, una intriga policíaca al estilo de Agatha Christie, segunda entrega de su trilogía inglesa. Más tarde nos ofreció la primera, “Cita en Sevenoaks”. Pero sin duda eligió Dossier Harding para empezar porque en ella el estilo de dibujo de Floc’h estaba más depurado. Recuerda a Tintín, pero los personajes tienen unas proporciones algo más realistas, como en Jacobs. Los rostros también son menos esquemáticos que en Tintin, pero conservando el lenguaje de línea clara, sin sombras ni excesivo detalle en los rasgos. Esta estética le va bien al ambiente de intriga amable, de novela policíaca británica, de las historias escrita por Rivière. En el modo de dibujar a las mujeres, podemos decir que Floc´h parte de cero si se fija en Hergé y Jacobs, pues en la obra de éstos estaban casi ausentes. Aquí se trata de mujeres bellas y elegantes que nada tienen que ver, por ejemplo, con la Castafiore. Y he de decir que consigue unos personajes atractivos y elegantes.

En la parte que le toca a Rivière, el guión, podemos decir que su pretensión está lejana de querer construir una historia que se parezca a las de Tintín. La influencia del maestro está presente, sí, pero de forma sutil, pues ni las historias que se cuentan ni los recursos narrativos nos remiten al maestro de forma explícita o literal.
Un ejemplo más de integración de influencias con un resultado afortunado.

Otro de los autores que por aquella época homenajeaba abiertamente a Hergé era Yves Chaland, a través de su personaje Freddy Lombard. Podemos decir que es un caso aparte en la lista, pues se basa en Hergé, pero también en Franquin y Tillieux, y todo ello aportando un trazo personalísimo que tuvo una importante influencia en autores posteriores y que guarda, por cierto, bastante parecido con el de su contemporáneo Serge Clerc.

Esta línea moderna tuvo un eco importante en la de los dibujantes de la escuela valenciana y otros autores que mostraron sus obras en las páginas de CAIRO. Desgraciadamente, Chaland murió prematuramente, pero le dio tiempo a dejarnos, aparte de unas pocas historietas de Freddy Lombard, las de otros personajes como Bob Fish, Adolphus Claar y el joven Albert. Para mí es un buen ejemplo de autor que homenajea a los clásicos con intención de trascenderlos con un impulso moderno, y emprendió un camino que podría haberle llevado más lejos aún de no haber muerto tan joven.

Y nos queda hablar del holandés Dick Briel, autor de las aventuras del profesor Palmón, (por emplear el nombre con el que lo conocí en CAIRO; originalmente se llama Palmboom, en Juventud se tradujo como Palmera y en los países francófonos como La Palme). Palmón es un científico de mediana edad dado a meterse en líos a la primera de cambio; su aspecto poco atlético, unido a su condición de científico y su arrojo a la hora de pasar a la acción, hacen que recuerde un poco al profesor Mortimer.

Su partenaire, Thomas Dibbet, es un joven cuya única pretensión parece ser no complicarse la vida, lo cual contrasta con el carácter entrometido de su jefe. Parece curioso que, a pesar de ello, permanezca siempre fielmente al lado de su jefe. De vez en cuando, expresa tímidamente su disgusto por protagonizar situaciones en las que, sin comerlo ni beberlo, corre peligro su integridad física. Dibbet recuerda físicamente a Tintín; su rostro ovalado le hace parecer Tintín disfrazado con unas gafas y una peluca. De las series que hemos mencionado, la de Palmón es la que reúne más elementos hergeianos: un científico sin escrúpulos (Philpotts), una isla misteriosa, un arma de destrucción masiva, o una expedición a un país remoto con consecuencias inesperadas para sus miembros. Todo ello con un dibujo que recuerda mucho al de Hergé, si bien los personajes son menos cabezones que los del maestro, lo que les da un aspecto más real. Briel sitúa a los personajes en una época cercana a “las siete bolas de cristal” o “El asunto tornasol”.

Dicho esto, cabe preguntarse: ¿por qué Ramón de España en el mencionado artículo ponía a caldo a Briel? Le acusaba de servilismo, de copiar al maestro sin reinterpretarlo ni aportar nada nuevo. Bueno. A mí no me parece suficiente para descalificar una obra tan trabajada, y gráficamente tan conseguida. Pero lo que sí me pasa es que al terminar de leer una historieta de Briel me queda como una sensación de vacío. Aun habiéndola disfrutado, es como si echara algo a faltar. Me asalta la idea de que Tintín sólo hay uno, de que cuanto más nos aproximemos a su estilo, a los elementos que Hergé empleaba, en el guión y en el dibujo, más nos daremos cuenta de que en Tintín había algo más, algo intangible, que es lo que lo ha hecho tan grande.
Así pues, me puse en contacto con el amigo Jose Luis Povo, creador de Mis Comics y Más, el que es, posiblemente, el blog donde más, y mejor, información podemos obtener de esta forma de entender la historieta.

Jose Luis, amigo desde hace un tiempo de La Caraviñeta, no dudó ni un instante en hacernos una Visita y vino, como era de suponer, cargado hasta los dientes de tebeos.
De todos los que traía, algunos totalmente desconocidos para el que esto escribe, me llamó la atención uno en concreto, sus páginas no eran aún más que bocetos a lápiz. ¿Qué es esto? - pregunté asombrado- ¿Acaso posees algún original de uno de estos autores?. No, no, que va! - exclamó Jose Luis - Es un comic en el que me encuentro trabajando en estos momentos, ¿Acaso no has visto en mi blog mis antiguas historietas?.
Así, hablamos de la fantástica pinta que tenía su proyecto y también, y como es lógico, de la línea clara, donde dejó muestras de lo mucho que sabe al respecto.
Tras la Estela de Hergé.

El 3 de marzo de 1983, un día como cualquier otro, llegué al colegio (contaba entonces 15 años) y mi amigo Ángel llegó poco después exclamando:”ha palmado Hergé!”.A esas alturas había leído varias veces a cada uno de los 22 álbumes de Tintín. Llevaba 8 años, desde que salió Tintín y los Pícaros, fijándome en las estanterías de El Corte Inglés para ver si aparecía ese nuevo álbum en el que se decía que el maestro estaba trabajando. Ante la ausencia de nuevos libros de Tintín, llevaba algún tiempo preguntándome si existían otras series parecidas en las que poderme refugiar bajo el conocido lema” a falta de pan buenas son tortas”.
Inicié entonces un camino de baldosas amarillas que voy a tratar de contar lo mejor que pueda para compartirlo con los lectores de La Caraviñeta, respondiendo a la amable invitación del amigo Angux.
Con motivo de la muerte de Hergé se publicó el CAIRO ESPECIAL HERGÉ, revista excepcional que a muchos nos permitió, entre otras cosas, saber algo más sobre otros dibujantes afines a Hergé. A través de dos artículos, firmados por Ignacio Molina y Ramón de España respectivamente, pude acercarme, por un lado, a la obra de los colaboradores de Hergé (Edgar P.Jacobs, Bob de Moor y Jacques Martin) y, por otro, a los autores que en los años ochenta recogían el testigo de Hergé de una u otra forma, y que pertenecían a lo que ha dado en llamarse “Escuela de la Línea clara”. A lo largo de este artículo me referiré varias veces a este CAIRO, que para mí fue el hito de salida del camino por la estela de Hergé, y voy a ir dando mi visión personal de los comics y autores que allí se citaban, siguiendo así un hilo conductor del que quedan fuera, lo sé, otros autores, también influenciados por Hergé, como Tibet, Vandersteen, Craenhals, etc. , sobre los que os invito, si tenéis interés, a conocer un poco a través de mi blog mis comics y más.
Precisamente pocos meses antes de ese 3 de marzo había descubierto a Blake y Mortimer, de Edgar P. Jacobs, a través de “El misterio de la gran pirámide”, serie que acababa de empezar a publicarse, por primera vez en España, por Grijalbo. Aunque ignoraba que su autor, Edgar P. Jacobs, había sido colaborador de Hergé, me llamó la atención la similitud entre su estilo de dibujo y el de Tintín. Me abalancé sobre Blake y Mortimer con esa idea de encontrar algo parecido a Tintín, pero en seguida me di cuenta de que ambos universos eran muy diferentes.

Gráficamente, Jacobs va abandonando poco a poco la línea clara de “El misterio de la Gran pirámide” y su dibujo se va haciendo más realista, sin perder ese tono teatral que para mí es uno de los rasgos que más le caracterizan. Lo que más eché de menos en sus aventuras fueron los gags y en general el sentido del humor que envuelve a las historias de Tintín. Eso no quita para que con el tiempo me fuera haciendo con toda la colección y me fuera dejando envolver por esa combinación de misterio, ciencia ficción y flema británica que caracterizan los álbumes de estos héroes. Las diferencias entre Hergé y Jacobs, y la dimensión misma de la
obra de este último, me parecen suficientes para no considerarle un seguidor o discípulo de Hergé, sino un clásico en sí mismo.
Siguiendo con los colaboradores de Hergé, el que a priori parece que ofrece al lector de Tintin más posibilidades de disfrute es Bob de Moor, por la similitud que presenta (insisto, a priori) su personaje Barelli con Tintín. La similitud es tanto gráfica como en la temática de las historias. El dibujo de las historietas de Barelli recuerda muchísimo, sobre todo en los últimos a álbumes, al de Tintín. No en vano De Moor fue durante los últimos años de vida de la serie Tintín, la mano derecha de Hergé, y a su plumilla debemos el 100% de álbumes como Tintín y los pícaros o el remake de La Isla Negra. Barelli es un actor de teatro dado a meterse en follones, que de vez en cuando utiliza fuera del escenario su habilidad para caracterizarse, cuando le conviene para salir con bien de los enfrentamientos con villanos de la peor especie en los que se ve envuelto.
Ante este atractivo planteamiento, me puse a leer con ilusión la primera aventura de Barelli y me encontré con que, si Tintín se lee de un tirón, Barelli me resultaba tan aburrido que me costaba trabajo terminar el álbum. Primera pista de que algo muy especial debe tener Tintín para que el más cercano colaborador de Hergé no consiga acercarse ni de lejos al resultado de su maestro. Después he conocido sus otras obras Johan et Stephan (aquí Oscar y Julián), que me han dejado también bastante frío, y Cori el Grumete. Ésta última, curiosamente en la que De Moor más se aleja de Tintín, me parece su obra más lograda. Aunque aquí se ve a De Moor algo incómodo en el dibujo de los personajes, las historias tienen más intensidad y mantienen mejor el interés.
El siguiente paso era abalanzarme sobre las principales obras del otro gran discípulo de Hergé, Jacques Martin: el galorromano Alix y el periodista Lefranc. Cuál no sería mi sorpresa al ver que se trataba de comics muy serios, que se me antojaban muy diferentes a Tintín, tanto por el mayor realismo del dibujo como por el carácter dramático de las historias. Si en Blake y Mortimer casi no había humor, aquí sí que estaba ausente por completo.
En una segunda visita, años después, a los comics de Jacques Martin, ya sin la obsesión de buscar ese clon de Tintín que a mis quince años había buscado desesperadamente, los he apreciado mucho más. Alix es una serie muy sólida, con un gran cuidado por el detalle y la verosimilitud histórica, con un dibujo riguroso y de gran calidad. Los personajes son más realistas que en Tintín, y eso es coherente con el hecho de que las historias que se cuentan también tienen carácter más serio. Respecto al dibujo de los fondos (paisajes, ciudades, etc.), si los miramos con detenimiento, nos daremos cuenta de su parecido con los de la etapa de Tintín “El asunto Tornasol” o “Stock de Coque” y se evidencia que fue Martin quien se ocupó de dibujar los fondos de estos álbumes de Tintín. Hace poco he sabido que algunos gags geniales que aparecen en Tintín en esa época, como el famoso del esparadrapo de “El asunto Tornasol”, se deben a Martin. Parece ser que se su capacidad para el humor la reservaba para su trabajo con Hergé. Las aventuras del periodista Guy Lefranc, la otra gran serie de Martin, también me han proporcionado momentos de disfrute, una vez que entré al trapo en su mundo de amenazas globales y armas absolutas. Se trata de una serie que por su temática y tono, encuentro más cercana a Blake y Mortimer que a Tintín.
Podríamos decir que Martin se fue de los estudios Hergé no para hacer “más de lo mismo” en solitario, sino para hacer cosas muy diferentes, y de hecho después ha ido creando su propia escuela, hoy plenamente viva y en activo, al igual que el maestro, y que ha dado vida a un buen número de otras series (Jehn, Orion, Keos, Arno y Löis).
Como decía antes, el otro mundo que se abrió ante mí gracias a aquel CAIRO ESPECIAL HERGE fue el de los historietistas de línea clara que en esa época estaban firmando obras en las que, de un modo más o menos explícito, se percibía la influencia de Hergé: Ted Benoit, Floc´h, Yves Chaland, Dick Briel y Tardi. Aunque reconozco que agrupar a los artistas en corrientes o escuelas suele ser útil, no soy demasiado amigo de las etiquetas, y de hecho creo que en una lista de sólo cinco dibujantes, como la que acabo de poner, se encuentra gente con rasgos muy distintos. En el caso de Benoit y Briel, el parecido con Tintín es más evidente. Floc’h y Chaland y aúnan, como veremos, otras influencias, consiguiendo un resultado más personal. Y en el caso de Tardi, más todavía, con lo cual deliberadamente dejo su obra, fascinante y única, fuera del alcance de este artículo.
Benoit, responsable de haber dado base teórica a la línea clara en su libro “Vers la ligne Claire”, consideró en un momento dado de su carrera que había dado con un estilo, heredero directo del de Hergé, que se ajustaba perfectamente a las historias que quería contar, y que ese iba a ser a partir de entonces su lenguaje gráfico. Abandonó pues el trazo underground de obras suyas anteriores como Hospital para entregarse a la estética hergeiana. Y a fe que el resultado resulta atractivo. Al acercarnos a su obra Berceuse Electrique, (a la que por cierto dejaba como un trapo Ramón de España en el artículo de Cairo), vemos cómo se crea ante nuestros ojos toda una ciudad imaginaria, Metrópolis, que se desarrolla en el futuro pero con la estética de las urbes americanas de los años cincuenta. Coches, ropa, diseño, arquitectura, etc., nos trasladan a esa épica mítica, y estéticamente el resultado está logradísimo. El empleo del blanco y negro contribuye también a evocar el cine negro norteamericano de aquella época. A pesar de ser en blanco y negro, no carga con sombras las páginas, si no que utiliza la escala de grises (Podemos hablar de un dibujo en blanco, negro y gris). La única pega es que las páginas resultan un poco plomizas, quizá les habría hecho falta algo más de blanco.
El argumento de esta nana eléctrica, inverosímil y rebuscado, es una de las causas del vapuleo que le propinó el amigo Ramón de España. Sin embargo, yo le veo su gracia y me recuerda por momentos al cine de Hitchcock, o las novelas de Raymond Chandler, en las que se van concatenando escenas y situaciones que te van intrigando y a las que no encuentras en principio ninguna explicación. La falta de “pies y cabeza” de la historia, que criticaba De España, me parece un rasgo intencionado por parte de Benoit, que está en la base de todo.
Así pues, en nuestro camino siguiendo la estela de Hergé, creo que Benoit es una escala obligada y la mejor muestra de que integrar influencias suele dar resultados interesantes; en este caso, se plasman en una sola obra la pasión de Benoit por el cine americano clásico con la estética tintinesca, y ambas cosas casan bien.
Algo parecido podemos decir de Floc’h y Rivière cuyo personaje Francis Albany llenaba la portada del nº 1 de CAIRO. Joan Navarro quiso estrenar su revista con “Dossier Harding”, una intriga policíaca al estilo de Agatha Christie, segunda entrega de su trilogía inglesa. Más tarde nos ofreció la primera, “Cita en Sevenoaks”. Pero sin duda eligió Dossier Harding para empezar porque en ella el estilo de dibujo de Floc’h estaba más depurado. Recuerda a Tintín, pero los personajes tienen unas proporciones algo más realistas, como en Jacobs. Los rostros también son menos esquemáticos que en Tintin, pero conservando el lenguaje de línea clara, sin sombras ni excesivo detalle en los rasgos. Esta estética le va bien al ambiente de intriga amable, de novela policíaca británica, de las historias escrita por Rivière. En el modo de dibujar a las mujeres, podemos decir que Floc´h parte de cero si se fija en Hergé y Jacobs, pues en la obra de éstos estaban casi ausentes. Aquí se trata de mujeres bellas y elegantes que nada tienen que ver, por ejemplo, con la Castafiore. Y he de decir que consigue unos personajes atractivos y elegantes.
En la parte que le toca a Rivière, el guión, podemos decir que su pretensión está lejana de querer construir una historia que se parezca a las de Tintín. La influencia del maestro está presente, sí, pero de forma sutil, pues ni las historias que se cuentan ni los recursos narrativos nos remiten al maestro de forma explícita o literal.
Un ejemplo más de integración de influencias con un resultado afortunado.
Otro de los autores que por aquella época homenajeaba abiertamente a Hergé era Yves Chaland, a través de su personaje Freddy Lombard. Podemos decir que es un caso aparte en la lista, pues se basa en Hergé, pero también en Franquin y Tillieux, y todo ello aportando un trazo personalísimo que tuvo una importante influencia en autores posteriores y que guarda, por cierto, bastante parecido con el de su contemporáneo Serge Clerc.
Esta línea moderna tuvo un eco importante en la de los dibujantes de la escuela valenciana y otros autores que mostraron sus obras en las páginas de CAIRO. Desgraciadamente, Chaland murió prematuramente, pero le dio tiempo a dejarnos, aparte de unas pocas historietas de Freddy Lombard, las de otros personajes como Bob Fish, Adolphus Claar y el joven Albert. Para mí es un buen ejemplo de autor que homenajea a los clásicos con intención de trascenderlos con un impulso moderno, y emprendió un camino que podría haberle llevado más lejos aún de no haber muerto tan joven.
Y nos queda hablar del holandés Dick Briel, autor de las aventuras del profesor Palmón, (por emplear el nombre con el que lo conocí en CAIRO; originalmente se llama Palmboom, en Juventud se tradujo como Palmera y en los países francófonos como La Palme). Palmón es un científico de mediana edad dado a meterse en líos a la primera de cambio; su aspecto poco atlético, unido a su condición de científico y su arrojo a la hora de pasar a la acción, hacen que recuerde un poco al profesor Mortimer.
Su partenaire, Thomas Dibbet, es un joven cuya única pretensión parece ser no complicarse la vida, lo cual contrasta con el carácter entrometido de su jefe. Parece curioso que, a pesar de ello, permanezca siempre fielmente al lado de su jefe. De vez en cuando, expresa tímidamente su disgusto por protagonizar situaciones en las que, sin comerlo ni beberlo, corre peligro su integridad física. Dibbet recuerda físicamente a Tintín; su rostro ovalado le hace parecer Tintín disfrazado con unas gafas y una peluca. De las series que hemos mencionado, la de Palmón es la que reúne más elementos hergeianos: un científico sin escrúpulos (Philpotts), una isla misteriosa, un arma de destrucción masiva, o una expedición a un país remoto con consecuencias inesperadas para sus miembros. Todo ello con un dibujo que recuerda mucho al de Hergé, si bien los personajes son menos cabezones que los del maestro, lo que les da un aspecto más real. Briel sitúa a los personajes en una época cercana a “las siete bolas de cristal” o “El asunto tornasol”.
Dicho esto, cabe preguntarse: ¿por qué Ramón de España en el mencionado artículo ponía a caldo a Briel? Le acusaba de servilismo, de copiar al maestro sin reinterpretarlo ni aportar nada nuevo. Bueno. A mí no me parece suficiente para descalificar una obra tan trabajada, y gráficamente tan conseguida. Pero lo que sí me pasa es que al terminar de leer una historieta de Briel me queda como una sensación de vacío. Aun habiéndola disfrutado, es como si echara algo a faltar. Me asalta la idea de que Tintín sólo hay uno, de que cuanto más nos aproximemos a su estilo, a los elementos que Hergé empleaba, en el guión y en el dibujo, más nos daremos cuenta de que en Tintín había algo más, algo intangible, que es lo que lo ha hecho tan grande.
domingo, 13 de diciembre de 2009
La Visita: Robur.
Hoy nos visita un nuevo amigo, aquí, en La Caraviñeta.
Robur es uno de últimos amigos que ha empezado a dejar sus acertados comentarios en este blog. Cosa que siempre es de agradecer y más cuando de ellos siempre puedes aprender algo.

Robur no tiene blog, como tantos otros amigos que nos visitan, pero siempre se pueden leer sus comentarios aquí o en otros blogs, creo recordar alguno en Tangencias o en el igualmente imprescindible Lector Impaciente. Aparte, de una forma bimestral, podemos leer sus artículos en la revista Inzona Magazine, bajo el seudónimo de Soiyo N. y que desde aquí os aconsejo el seguimiento de estos.
Con una cervecita de por medio, hablamos de lo mal que se nos da a los dos la lengua gala ( y lo que lo lamentamos), de comics (lógicamente) y de una serie muy longeva en Francia y que aquí no ha tenido una edición correcta (como tantas otras, ha sido publicada por varias editoriales dejándola finalmente en la estacada): Los Casacas Azules.
Antes de que el malsano hábito por el coleccionismo compulsivo se agarrapate en el cerebro de cualquier lector de tebeos, solemos pasar por una fase de relaciones abiertas. Es la etapa en la que los tebeos llegaban a tus manos más por regalos, préstamos y los incentivos paternales a la lectura que por el escaso presupuesto, estresado por los gastos fijos en chucherías y maquinitas, y en la que se hacía difícil seguir series. La infidelidad no era solo por razones económicas sino porque la edición, y sobre todo, distribución de comics en nuestro país siempre hay tenido unas cualidades francamente aleatorias. Todos conocemos varias series de buenos tebeos franco-belgas que nunca fueron publicados en España, pero mucho peor son las series con las que nos tentaron publicando un álbum cada dos o cinco años, que luego desaparecían sin saberse bien si es que la serie había sido cancelada, si tu provincia caía en las negras o las rojas de la ruleta de reparto del distribuidor o si los franceses no habían sacado más números. Años mas tarde, un día, en una librería de segunda mano o una de esas tiendas de pueblo donde los fondos de los 70 siguen amarilleando imperturbables en una esquina del fondo, descubres un álbum de esa colección, y tras comprarlo averiguas que sólo salieron tres números más, por cinco editoriales diferentes, y ahora son únicamente encontrables, a precio de ipod, en una pagina web de coleccionismo, mientras que en Francia la colección va por el número 178.

En mi caso una de esas colecciones que siempre me ha martirizado es Los Casacas Azules (Les tuniques bleus). Entre las colecciones completas de Tintines y Asterix que nos compraban mis padres había también un estante de números sueltos de Oumpah-pah, Alix, El visir Iznogoud, Yakari, Spirou, Lucky Luke y otros, entre los cuales había un número de Los Casacas Azules. El tebeo me gustaba mucho y trate inútilmente de conseguir más. Con la edición de Grijalbo me reencontré con la serie y he tratado de ir rastreando los que me faltan, y aunque nunca he tenido todos los números publicados en España los he podido leer gracias a préstamos. De Los Casacas Azules se publicaron en nuestro país once álbumes.

La Editorial Novaro sacó dos a finales de los 70 bajo el título Los guerreras azules.
-Un carro en el Oeste
-Del Norte al Sur
Y luego Grijalbo en los 90 editó los otros nueve ya como Los Casacas Azules:
-Héroes a la fuerza
-Sin Ley
- Los desertores
-La prisión de Robertsonville
-Los azules en la marina
-Los jinetes del cielo
-La gran patrulla
-Reclutas y veteranos
-Los azules en blanco y negro

Todos esos números corresponden a los primeros once álbumes de la edición francesa, publicados allí en los 70. En Francia la serie continúa con gran éxito, saliendo este año el número 53 Sang bleu chez les Bleus (Sangre azul en los Azules).
La serie la creó Louis Salverius, con los guiones de Raoul Cauvin, para aparecer en la revista Spirou (alguna de esas tiras se llegó a publicar en la revista Guai! de Grijalbo). Mi francés no me permite confirmar esto, pero al parecer la serie pudo ser un encargo para sustituir a Lucky Luke que se había movido de Dupuis y Spirou a Dargaud y Pilote. El concepto de los tebeos reúne muchas de las características de la BD clásica y del propio Lucky Luke: un tebeo de línea clara, de aventuras con toque cómico aunque empezó justo al revés, y situado en uno de los territorios favoritos del tebeo francés: el salvaje oeste. El estilo de dibujo es también clásico de la línea clara, con los personajes más caricaturizados que sus entornos que son más realistas. En los tomos de Novaro, y los recopilatorios como La gran patrulla, Salverius dibuja inicialmente a unos personajes más rechonchos y narizones, incluso con rasgos diferentes, en cuanto pasaron a producirse historias largas el dibujo cambió estilizando algo más a los personajes. Salverius murió en 1972, tras salir los primeros cuatro álbumes, y fue sustituido por Lambil (Willy Lambilotte) acentuándose el cambio hacia un dibujo más realista. Con Lambil los personajes tienen unas dimensiones más alargadas, casi proporcionadas, pero conservan las narizotas y caricaturización en el rostro. Las historias largas además, sin perder un aire cómico, empiezan a tratar temas más serios en cuanto los personajes se ven envueltos en la Guerra de Secesión americana y a contener un significativo trasfondo histórico. En estos 49 números dibujados por Lambil hay una progresión en el estilo tremenda, que sólo se puede intuir en los números publicados en España. Poco a poco Lambil consigue encontrar un punto medio entre la línea clara y un realismo más detallista, incluyendo sombreados y efectos de luz, sin perder las líneas simples, bastante singular. Las historias de Cauvin, por lo general con una estupenda documentación, saben mantener el punto entre comedia y aventura en su justa medida.

Los protagonistas de la serie son dos soldados de caballería del ejército de los Estados Unidos, el pelirrojo sargento Cornelius Chesterfiled y el cabo Blutch que forman una de esas parejas que arquetípicas del tebeo de aventuras francés. Lo curioso en esta serie es que Cauvin se sale de la dinámica del héroe como el straight man con un sidekick cómico, de los que tenemos grandísimos ejemplos en la BD como Haddock, Obelix, Pirluit o Kervin. En Los Casacas Azules es el personaje serio, el valentón bienintencionado pero algo simple sargento Chesterfield, el receptor de muchos de los gags de la serie. Chesterfield es el que mete a la pareja en problemas con sus sueños de gloria y su entusiasmo por cumplir órdenes, incluso las que no se le dan, o sus problemas amorosos. Por el contrario el bajito cabo Blutch, siempre dispuesto a desertar, es cínico e indolente y pone el punto antibelicista a la serie. La diferencia de las personalidades les lleva a chocar a menudo, manteniendo así la dinámica de la pareja en un tono de confrontación, pero entre los dos hay una de esas amistades profundas nacidas de la camaradería que se va cimentando durante la serie.

Es una pena que no se hayan publicado más números de Los Cascas Azules en España. Sin ser una serie magnífica o rompedora contiene todo lo que me atraía de los tebeos cuando era un crio y que aún me sigue atrayendo; es uno de esos tebeos para leer tumbado boca abajo en el suelo de tu cuarto mientras te imaginas como será la vida en el Oeste o a que saben los jabalíes esos que se zampa Obelix. Más aún me apena no saber francés para poder seguirla en su idioma original (merde, alors!), así que a veces, gracias a internet, hojeo alguno de los números franceses y fantaseo pensando que igual es una de esas series que se rescatan en integrales. Supongo que tengo más posibilidades de leerla entera si me pongo a aprender francés pero esto del comic en España es bastante aleatorio así que ¿quién sabe?

Los Casacas Azules. Algunas portadas de Spirou.

Una plancha de La gran patrulla, que aún siendo el número 9 recogía historietas sueltas muy anteriores, donde se puede notar la apariencia inicial de los protagonistas.

Plancha de Los desertores el primero de los tomos dibujado Lambil.

Esta plancha es del último número Sang bleu chez les Bleus (Sangre azul en los Azules).

Plancha en la que se puede apreciar el detalle que pone Lambil en muchas de las escenas panorámicas de combates con muchas figuras.
Robur es uno de últimos amigos que ha empezado a dejar sus acertados comentarios en este blog. Cosa que siempre es de agradecer y más cuando de ellos siempre puedes aprender algo.

Robur no tiene blog, como tantos otros amigos que nos visitan, pero siempre se pueden leer sus comentarios aquí o en otros blogs, creo recordar alguno en Tangencias o en el igualmente imprescindible Lector Impaciente. Aparte, de una forma bimestral, podemos leer sus artículos en la revista Inzona Magazine, bajo el seudónimo de Soiyo N. y que desde aquí os aconsejo el seguimiento de estos.
Con una cervecita de por medio, hablamos de lo mal que se nos da a los dos la lengua gala ( y lo que lo lamentamos), de comics (lógicamente) y de una serie muy longeva en Francia y que aquí no ha tenido una edición correcta (como tantas otras, ha sido publicada por varias editoriales dejándola finalmente en la estacada): Los Casacas Azules.
Antes de que el malsano hábito por el coleccionismo compulsivo se agarrapate en el cerebro de cualquier lector de tebeos, solemos pasar por una fase de relaciones abiertas. Es la etapa en la que los tebeos llegaban a tus manos más por regalos, préstamos y los incentivos paternales a la lectura que por el escaso presupuesto, estresado por los gastos fijos en chucherías y maquinitas, y en la que se hacía difícil seguir series. La infidelidad no era solo por razones económicas sino porque la edición, y sobre todo, distribución de comics en nuestro país siempre hay tenido unas cualidades francamente aleatorias. Todos conocemos varias series de buenos tebeos franco-belgas que nunca fueron publicados en España, pero mucho peor son las series con las que nos tentaron publicando un álbum cada dos o cinco años, que luego desaparecían sin saberse bien si es que la serie había sido cancelada, si tu provincia caía en las negras o las rojas de la ruleta de reparto del distribuidor o si los franceses no habían sacado más números. Años mas tarde, un día, en una librería de segunda mano o una de esas tiendas de pueblo donde los fondos de los 70 siguen amarilleando imperturbables en una esquina del fondo, descubres un álbum de esa colección, y tras comprarlo averiguas que sólo salieron tres números más, por cinco editoriales diferentes, y ahora son únicamente encontrables, a precio de ipod, en una pagina web de coleccionismo, mientras que en Francia la colección va por el número 178.

En mi caso una de esas colecciones que siempre me ha martirizado es Los Casacas Azules (Les tuniques bleus). Entre las colecciones completas de Tintines y Asterix que nos compraban mis padres había también un estante de números sueltos de Oumpah-pah, Alix, El visir Iznogoud, Yakari, Spirou, Lucky Luke y otros, entre los cuales había un número de Los Casacas Azules. El tebeo me gustaba mucho y trate inútilmente de conseguir más. Con la edición de Grijalbo me reencontré con la serie y he tratado de ir rastreando los que me faltan, y aunque nunca he tenido todos los números publicados en España los he podido leer gracias a préstamos. De Los Casacas Azules se publicaron en nuestro país once álbumes.

La Editorial Novaro sacó dos a finales de los 70 bajo el título Los guerreras azules.
-Un carro en el Oeste
-Del Norte al Sur
Y luego Grijalbo en los 90 editó los otros nueve ya como Los Casacas Azules:
-Héroes a la fuerza
-Sin Ley
- Los desertores
-La prisión de Robertsonville
-Los azules en la marina
-Los jinetes del cielo
-La gran patrulla
-Reclutas y veteranos
-Los azules en blanco y negro

Todos esos números corresponden a los primeros once álbumes de la edición francesa, publicados allí en los 70. En Francia la serie continúa con gran éxito, saliendo este año el número 53 Sang bleu chez les Bleus (Sangre azul en los Azules).
La serie la creó Louis Salverius, con los guiones de Raoul Cauvin, para aparecer en la revista Spirou (alguna de esas tiras se llegó a publicar en la revista Guai! de Grijalbo). Mi francés no me permite confirmar esto, pero al parecer la serie pudo ser un encargo para sustituir a Lucky Luke que se había movido de Dupuis y Spirou a Dargaud y Pilote. El concepto de los tebeos reúne muchas de las características de la BD clásica y del propio Lucky Luke: un tebeo de línea clara, de aventuras con toque cómico aunque empezó justo al revés, y situado en uno de los territorios favoritos del tebeo francés: el salvaje oeste. El estilo de dibujo es también clásico de la línea clara, con los personajes más caricaturizados que sus entornos que son más realistas. En los tomos de Novaro, y los recopilatorios como La gran patrulla, Salverius dibuja inicialmente a unos personajes más rechonchos y narizones, incluso con rasgos diferentes, en cuanto pasaron a producirse historias largas el dibujo cambió estilizando algo más a los personajes. Salverius murió en 1972, tras salir los primeros cuatro álbumes, y fue sustituido por Lambil (Willy Lambilotte) acentuándose el cambio hacia un dibujo más realista. Con Lambil los personajes tienen unas dimensiones más alargadas, casi proporcionadas, pero conservan las narizotas y caricaturización en el rostro. Las historias largas además, sin perder un aire cómico, empiezan a tratar temas más serios en cuanto los personajes se ven envueltos en la Guerra de Secesión americana y a contener un significativo trasfondo histórico. En estos 49 números dibujados por Lambil hay una progresión en el estilo tremenda, que sólo se puede intuir en los números publicados en España. Poco a poco Lambil consigue encontrar un punto medio entre la línea clara y un realismo más detallista, incluyendo sombreados y efectos de luz, sin perder las líneas simples, bastante singular. Las historias de Cauvin, por lo general con una estupenda documentación, saben mantener el punto entre comedia y aventura en su justa medida.

Los protagonistas de la serie son dos soldados de caballería del ejército de los Estados Unidos, el pelirrojo sargento Cornelius Chesterfiled y el cabo Blutch que forman una de esas parejas que arquetípicas del tebeo de aventuras francés. Lo curioso en esta serie es que Cauvin se sale de la dinámica del héroe como el straight man con un sidekick cómico, de los que tenemos grandísimos ejemplos en la BD como Haddock, Obelix, Pirluit o Kervin. En Los Casacas Azules es el personaje serio, el valentón bienintencionado pero algo simple sargento Chesterfield, el receptor de muchos de los gags de la serie. Chesterfield es el que mete a la pareja en problemas con sus sueños de gloria y su entusiasmo por cumplir órdenes, incluso las que no se le dan, o sus problemas amorosos. Por el contrario el bajito cabo Blutch, siempre dispuesto a desertar, es cínico e indolente y pone el punto antibelicista a la serie. La diferencia de las personalidades les lleva a chocar a menudo, manteniendo así la dinámica de la pareja en un tono de confrontación, pero entre los dos hay una de esas amistades profundas nacidas de la camaradería que se va cimentando durante la serie.

Es una pena que no se hayan publicado más números de Los Cascas Azules en España. Sin ser una serie magnífica o rompedora contiene todo lo que me atraía de los tebeos cuando era un crio y que aún me sigue atrayendo; es uno de esos tebeos para leer tumbado boca abajo en el suelo de tu cuarto mientras te imaginas como será la vida en el Oeste o a que saben los jabalíes esos que se zampa Obelix. Más aún me apena no saber francés para poder seguirla en su idioma original (merde, alors!), así que a veces, gracias a internet, hojeo alguno de los números franceses y fantaseo pensando que igual es una de esas series que se rescatan en integrales. Supongo que tengo más posibilidades de leerla entera si me pongo a aprender francés pero esto del comic en España es bastante aleatorio así que ¿quién sabe?

Los Casacas Azules. Algunas portadas de Spirou.

Una plancha de La gran patrulla, que aún siendo el número 9 recogía historietas sueltas muy anteriores, donde se puede notar la apariencia inicial de los protagonistas.

Plancha de Los desertores el primero de los tomos dibujado Lambil.

Esta plancha es del último número Sang bleu chez les Bleus (Sangre azul en los Azules).

Plancha en la que se puede apreciar el detalle que pone Lambil en muchas de las escenas panorámicas de combates con muchas figuras.
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