lunes, 25 de mayo de 2009

lecturas: Las Calles de Arena.

Fecha de edición: abril de 2009.
Guión y Dibujo: Paco Roca.
Formato: Libro cartoné, 102 págs., color.
Editorial: Astiberri.



Es fácil al leer este nuevo comic de Paco Roca dejarse llevar por el anterior trabajo del autor valenciano e intentar buscar similitudes con la fenomenal y exitosa Arrugas.
Es fácil que el lector de Las Calles de Arena (más, si es poco conocedor de la obra del autor) busque en ésta una especie de continuación de su anterior trabajo que le valió, entre otros muchos, el Premio Nacional del Comic del pasado año.
Y es cierto que similitudes hay, como no podía ser de otra forma tratándose del mismo autor.
El dibujo tan personal de Roca hace que los personajes de este comic se parezcan en muchos casos a los personajes de Arrugas (o a las anteriores obras del autor) de hecho hay viñetas en las que , por ejemplo, el reparador de calderas guarda un asombroso parecido con Miguel de la tan mencionada obra Arrugas.



Después de todo lo anteriormente dicho, hay que avisar que el que busque en esta obra una especie de Arrugas 2 o un Paco Roca que trata de sacarle partido a su anterior trabajo y a los premios cosechados, va del todo desencaminado. Ni lo es, ni pretende serlo y es Roca el primero que se desentiende de su anterior título, buscando en este nuevo libro otras historias que contarnos. Y a mi forma de ver, lo consigue nuevamente con maestría.



Sería más sensato, si e permitís, buscar similitudes con obras literarias de las que se nota que han servido de inspiración para desarrollar esta historia.
Así pues, podemos ver en su lectura una nueva versión moderna de Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, donde cómo en el libro de Lewis Carroll, la aventura te arrastra a un mundo extraño, lleno de personajes con hábitos absurdos (a nuestros ojos) a los que han dedicado el resto de su vida y de los que, sin embargo, se puede aprender y sacar una moraleja como de si de una fábula de Samaniego se tratase.
Así mismo y por la misma cuestión, también podemos ver reminiscencias a otra obra literaria clásica por todos conocida: El Principito, del escritor (y aviador) francés Antoine de Saint-Exupéry.



Todo empieza cuando, nuestro protagonista, está en una tienda comprando comics y recibe una llamada de su novia. Han quedado y, como siempre, llega tarde. Nuestro olvidadizo protagonista no había recordado que habían quedado en el banco para firmar la hipoteca del piso que ha comprado junto a María.
La cosa se agrava más cuando acto seguido recibe la llamada de un amigo para tomar unas cervezas y le es imposible negarse.
A 20 minutos para que cierren el banco, y cargado con una figura a tamaño natural de Corto Maltés que servirá para decorar su nuevo piso, decide atajar por un barrio por el que siempre se pierde cómo única solución para llagar a tiempo a su cita.
Pero en el barrio, como era de esperar, se pierde y a partir de aquí la aventura arrastra vertiginosamente al lector hacia el mundo imaginario antes descrito y sus curiosos habitantes.



Por desgracia, y en esta caso, la edición de Astiberri no llega a estar a la altura de la obra. La elección del papel y sobretodo un mal trabajo de imprenta, hacen que el comic tenga la apariencia de una fotocopia a color, cosa que inevitablemente resta enteros a la obra.
Sin duda una pena de la que estoy seguro, la editorial habrá tomado nota ante las críticas recibidas por esta edición.
Así pues, el papel utilizado, la mala impresión y un escáner que me pide a gritos la jubilación son los principales culpables de la mala calidad de las imágenes que adornan esta entrada y por las que pido disculpas.

Un saludo.

Otros comentarios a esta obra:

Alvaro Pons en La carcel de Papel.
PAblo en El Lector Impaciente.
Francix en Bocadillos de Pensamiento.
Octavio en Estodigo.
EduXavi en Trazos en el Bloc.
Sergio en Lecturas Recomicdadas.

sábado, 23 de mayo de 2009

La Visita: Alfonso Zapico.

Si algo puedo sacar como bueno del tiempo que lleva abierta La Caraviñeta es, aparte de lo mucho que disfruto hablando de tebeos, la buena gente a la que he tenido el gusto de conocer gracias a este blog.
Tanto a los que ya han pasado por aquí dejándonos su “visita”, como a los que aún están por pasar (que son todavía unos pocos, perdón por el retraso, chicos) y, por supuesto, también al visitante de hoy.
Hoy nos visita Alfonso Zapico.



Zapico es ilustrador y autor de comics. Su obra, Café Budapest de la que ya hice mi comentario por aquí, habla por él mismo en cuanto a su trabajo se refiere. Un comic que vuelvo a recomendar y que le ha valido la nominación al premio del Salón del comic de Barcelona en la categoría de autor revelación 2008 (toda la suerte del mundo)
Pero a mi me ha sorprendido más su calidad humana, que ya demostró con la naturalidad y buenas maneras con las que se tomó el “error” del que JesúsC dio cuenta y reproducimos por aquí. Y gracias al cual me llevé por la geta un original de su Café Budapest (y no una página cualquiera, que encima el bueno de Zapico me envió una de las mejores planchas que hay, a mi gusto, en la obra).

Pronto (junio/julio del 2009) Dolmen editará lo que fue su primera obra publicada en Francia y será la segunda publicada a este lado de los Pirineos, La Guerra del Profesor Bertenev, y yo estaré, si me permitís, aquí para comentárosla.
No dejéis de pasaros por su blog y por su página web si queréis pasar un buen rato.

En esta ocasión hablamos del comic:

Los Cuatro Ríos de Fred Vargas y Edmond Baudoin.



La escritora Fred vargas, creadora de los relatos policíacos del inspector Adamsberg, famoso personaje de la novela negra francesa, se complementa en este álbum con el trazo inigualable de Edmond Baudoin. Del cóctel de talentos surge Los Cuatro Ríos.



Con textos evaporados de una novela gráfica al uso comienza la historia. Suburbios de París, delincuencia juvenil, un asalto, una sorpresa nada agradable, un crimen, un peligroso asesino llamado El Carnero… el joven Gregoire Braban entra en una espiral de miedo al peligro subrepticio, que se oculta tras un anciano, una furgoneta o una joven de cabellos dorados. El inspector Jean-Baptiste Adamsberg será su protector y su conexión con la realidad. Sus ojos son los del lector, y por ellos el lector descubrirá lo que rodea a Braban, El Carnero y el misterioso esoterismo de sus crímenes. Todo es engaño y temor en esta historia, donde nada es real hasta que se desvela la verdadera naturaleza de las cosas, ni el miedo desaparece hasta llegar al final del viaje.



La otra cara de Los Cuatro Ríos es el propio Braban, que vive con su padre y sus tres hermanos en una vieja casa del extrarradio parisino. Y es precisamente allí, entre lo viejo y lo caótico, donde el padre dedica su existencia a la más egregia labor humana: la creación.
Cuatro esta estatuas para cuatro rios, laminadas por cuatro hijos en chapas de Guinness o Heineken. Esculturas clásicas , diferentes y cambiantes, en semejanza a Gregoire y sus hermanos. Hay un exquisito paralelismo numérico en esta historia, un orden oculto detrás de tanto galimatías que hace del álbum una historia más bella y abstracta si cabe.



El pincel denso y correoso de Baudoin se apodera del guión de Vargas y lo hace suyo, regalando al lector una novela gráfica con infinitas tonalidades a pesar del blanco y el negro, y una morfología humana y geográfica cambiante, que nos lleva de la primera a la última página con la delicadeza del recuerdo antes soñado.



Un saludo.

jueves, 21 de mayo de 2009

Giraud/Moebius Ex-Libris y Algo Más.